novedades
 SEARCH   
 
 

16.05.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
Refugi – Crítica 2025

La Perla 29 estrena Refugi en el Teatre La Biblioteca de Barcelona. Un texto de Jessica Goldberg donde dinamita una de las bazas de nuestra sociedad: la familia. Y lo hace planteando lo que más daño nos puede hacer: ¿es esto realmente lo que queremos? ¿Nos supone una ilusión y una forma de dar forma al amor? ¿O lo vivimos por inercia, como una obligación subterránea?

Amy, Nat y Becca viven juntos en casa de sus padres, que se fueron de vacaciones y no han vuelto nunca más. Desde entonces Amy, como hermana mayor, saca adelante a la familia, mientras Nat escribe su diario siguiendo las estrictas recomendaciones del médico por los problemas de salud que le han cambiado la vida, y Becca cada noche baila hasta el agotamiento y tiene el cuerpo lleno de morados. La llegada inesperada de Sam en este particular equilibrio lo cambiará todo, o quizás en el fondo no cambiará nada… ¿Quién no quiere encontrar en la familia un refugio contra la brusquedad del mundo?

22 años después, La Perla 29 recupera este texto de Jessica Goldberg que tantas alegrías les dio en sus inicios. Refugi fue uno de sus primeros espectáculos como grupo de teatro, cuando aun se estaban estableciendo en el mundo teatral y encontrándose a ellos mismos como compañía. La obra estuvo dirigida por Oriol Broggi y se llevó a escena en la Sala Beckett con la participación de Clara Segura, Pau Miró, Mar Ulldemolins y Rafa Cruz. Fue la primera vez que estos personajes mezcla de luz y oscuridad, presentaban un texto incisivo, quebradizo e implacable que abría grietas a la idea de familia.

Ahora, una juventud más tarde, La Perla 29 vuelve a recuperar esta tragicomedia agridulce para acercarla a una nueva visión, una nueva mirada desde la perspectiva de una generación diferente.

Mònica Molins Duran, su directora, define Refugi como «una comedia oscura, o un drama luminoso, o unos personajes oscurecidos por anhelos y deseos que chocan unos con otros. Es una sitcom americana, un Chéjov moderno o una tragedia cotidiana, donde a través de un agujero nos adentramos en una casa, muy lejana pero muy cercana». Y efectivamente, es así como nos sentimos desde la butaca. Gracias a la adecuada dirección de Molins, lo que vemos en escena se nos tornará tan realista y cercano que empatizaremos con ellos rápidamente.

En Refugi nos adentramos en una familia que no nos es extraña. Reconocemos parte de los ataques pasivos que se lanzan, de las miradas furtivas, del anhelo de libertad… Comprendemos a los jóvenes pero, a su vez, en algunos momentos, comprendemos a los padres ausentes. Los veremos reflejados en los ojos Amy, el personaje magníficamente interpretado por Laura Roig, quien, como mayor en la familia, toma el rol de madre de sus dos hermanos. Unos hermanos muy dependientes y demandantes de cariño que llegarán a romper el alma de su hermana, quien se desvive por ellos dejando de lado su vida. Roig nos ofrece un personaje que nos deja compungidos, rotos, preocupados… Porque a la vista está que ella daría su vida por sus hermanos pero, a la vez, cada vez entiende más a sus padres.

Junto a ella, disfrutaremos del excelente trabajo de Daniel Mallorquín, quien interpreta a Nat, el hermano pequeño de la familia. Un chico solitario al que le han diagnosticado una patología severa que le impide vivir con normalidad. Siempre demandante con su hermana mayor, nos daremos cuenta que el vínculo que le une es más el de una criada que el de una hermana/madre. En ocasiones, él mismo dirá que puede hacerlo solo, pero no le veremos nunca hacerlo, porque el cariño de su hermana es lo que más anhela. Nat pide alguien que esté con él de forma constante, que le cuide, que le alimente, que le haga un horario del que quejarse compulsivamente aunque sepa que le hace bien. Aun ser adolescente, su rol es el de un crío que no ha sabido/podido crecer. Daniel Mallorquín consigue bordar un personaje que juega entre la enfermedad y la lucidez en un plano muy fino. Le querremos y le odiaremos por igual.

Por otro lado, encontramos a Lua Amat como Becca, la hermana menor de los tres. Becca es un personaje que ansia la libertad y la respira. Hace lo que quiere, desaparece cada noche sin preocuparse de nada, con intención de drogarse y bailar hasta la extenuación para olvidar su vida de mierda. Su vida no es la esperada, como la de todos los de la obra, y ella trata de sobreponerse mediante la libertad que ejerce en su corta vida. Aun ser la que más libertad tiene de los tres, Becca es posesiva y demandante. Tiene claros celos de su hermano y, por ello, lo molestará hasta cansarlo y tratará de acaparar la atención de su hermana mayor a cada minuto. Si su hermano está enfermo y Amy le hace más caso, ella luchará y se inventará todo lo posible para que su hermana la vea. Ella también puede estar enferma, ella también tiene problemas… ella también necesita el refugio de su hermana. Lua nos presenta un personaje en continua frustración y vacía de cariño. No se siente comprendida, no se siente querida… Algo que podremos ver cuando ella misma trate de enfrentar a su hermana por un momento de atención, y note que su hermano es más importante y requiere toda la atención de Amy. Becca buscará la forma de que se la incluya en el refugio de Amy aunque esto lleve a su hermana al colapso.

Por último, Joan Esteve nos presenta a Sam, un ligue que Amy conoce una noche en un bar y que acaba llevándose a casa para poder tener un remanso de paz en su jodida realidad. Sam conseguirá que Amy lo necesite, se convertirá en su refugio. Un refugio donde escapar de una realidad que la está colapsando. Por su parte, Sam aprovechará esta situación para instalarse en el piso familiar y comenzar un rol mixto de novio de Amy y padre de Becca y Nat bastante raro para ellos. Amy le dejará entrar en su vida, ya que es su única esperanza, y Sam aprovechará esa demanda natural para crear la familia que siempre ha querido tener. Joan Esteve nos presenta así a un Sam despreocupado, sin dinero, sin trabajo, pero con el ansia de tener una familia. Sam jugará sus cartas para conseguir lo que quiere, aunque algunos estén en su contra. Poco a poco irá consiguiendo la aceptación de la familia, algo que Amy verá con buenos ojos. Pero, lo que Sam ofrece ¿es lo que Amy necesita?

En la parte técnica, destacar el gran acierto del espacio escénico creado por Yaiza Ares quien, a parte de situarnos en una decadente pero modesta casa familiar, oculta algún as bajo la manda que nos sorprenderá. Junto a ella, destacar la fantástica iluminación de Pau Montull, quien roza la excelencia en una iluminación muy bien medida que juega con esos claroscuros de la casa, y crea escenas psicodélicas que se convierten en una delicia para el público.

Refugi es, en definitiva, la historia de cuatro personajes sin futuro aparente, llenos de carencias afectivas, que buscan desesperadamente ser queridos. ¿Será esta demanda correspondida por su familia? ¿Les ofrecerán el refugio que necesitan?

Crítica realizada por Norman Marsà

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES