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14.05.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
Todo lo que no entiendo – Crítica 2025

Pablo Messiez ha presentado en Nave 10 Matadero de Madrid Todo lo que no entiendo. Una función única, adjetivo que la define tanto porque se ha representado un solo día como por su naturaleza: un ejercicio de pensamiento en voz alta, a medio camino entre el monólogo y el soliloquio, cercano a una conferencia escénica.

Todo lo que no entiendo es ensayo, reflexión, esbozo e indagación sobre el lenguaje teatral y sobre cómo lo vivimos quienes participamos de su ejecución: creadores, críticos y público general, todos embarcados en un viaje dialéctico que Messiez plantea como una invitación a pensar con él, a mirar desde otro lugar y a aceptar la incertidumbre y el artificio, la libertad y la contradicción del proceso artístico. Una suerte de soliloquio sostenido, alfajores mediante, por la ruptura constante de la cuarta pared.

Un gesto que no sorprende en el recorrido de Pablo Messiez, cuya labor como dramaturgo y director integra con naturalidad los lenguajes de la narración, la musicalidad y la corporeidad. Autor de obras tan singulares como Las canciones, Todo el tiempo del mundo o La voluntad de creer, ha sabido construir un estilo propio. Ese éxito no le ha impedido explorar formatos menos transitados, como hizo al partir del lenguaje del cuerpo y el movimiento en Cuerpo de baile, o al unir referentes como Chéjov y Nina Simone en La otra mujer (un concierto).

En esta ocasión, Messiez ha optado, a excepción de la sencilla iluminación de Pilar Valdelvira, por despojar la escena de artificios y ofrecerse a sí mismo, centrando la atención en el libre y caprichoso fluir de su pensamiento. Todo lo que no entiendo es una crítica al marco en el que se crea, produce y consume teatro. Una denuncia de la lógica neoliberal que inventa lugares comunes y etiquetas para disfrazar su exigencia de resultados cuantitativos, sacrificando lo cualitativo y derivando en una reiteración de gestos, discursos y puestas en escena que no buscan interpelar, sino justificar la existencia de quienes parasitan el ámbito creativo.

El tono general es pausado, cercano, sin más alarde que el de la espontaneidad y la frescura de quien sabe lo que quiere contar, pero permite que las palabras y el tono emerjan según la atmósfera y la energía del momento. De ahí que ofrezca una propuesta fragmentaria, casi gestáltica, deliberadamente incompleta, para que cada espectador la complete con sus propias proyecciones. Messiez parece reivindicar un teatro sin necesidad de definirse, oscilando entre lo literario y lo sensorial, entre el texto y el vacío, entre lo explícito y lo apenas insinuado.

A pesar de su extraordinaria sencillez escénica, funciona por cómo integra al público desde el inicio: ya sea interpelándolo directamente o lanzándole preguntas que no requieren respuesta inmediata, pero que permanecen en la mente para ser respondidas más adelante. ¿Qué buscamos cuando vamos al teatro? ¿Qué esperamos que nos ocurra? ¿Qué sucede realmente cuando algo sucede en escena? Quienes estuvimos en Nave 10 Matadero no salimos con certezas, pero sí con la impresión de haber habitado un espacio escénico donde el pensamiento y la emoción podían darse sin necesidad de concretarse ni de ofrecer explicaciones.

Crítica realizada por Lucas Ferreira

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