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12.05.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
La tercera fuga – Crítica 2025

La tercera fuga, la más reciente obra de Victoria Szpunberg, se presenta en la Sala Gran del Teatre Nacional de Catalunya de Barcelona y ofrece una travesía emocional y temporal que abarca un siglo de historia. La obra sigue el periplo de una familia judía que, a lo largo de tres generaciones, se ve obligada a huir de la guerra en tres épocas de nuestra historia más reciente.

Szpunberg, una de las voces más destacadas de la dramaturgia contemporánea, llevaba tiempo deseando realizar este proyecto. El detonante que finalmente la impulsó a escribir La tercera fuga fue una reflexión sobre el origen de su apellido. Esta introspección la llevó a crear un texto que, aunque no es autobiográfico, se basa en hechos reales acontecidos a su propia familia. Es un viaje que va desde la Ucrania de los años 20, pasando por la dictadura en Argentina en los años 70, hasta llegar a la Barcelona actual.

La narrativa de Szpunberg, en colaboración con Albert Pijuan, utiliza el humor y la ironía para abordar temas tan complejos como los pogromos, la dictadura argentina y sus desaparecidos y los conflictos generacionales. A través de diálogos ingeniosos, la música de cada época y noticias reales, la obra explora cómo estos eventos históricos han moldeado la identidad de los personajes. Szpunberg reflexiona sobre la identidad de los pueblos, destacando la resiliencia y la capacidad de adaptación frente a la adversidad. Además, pone de manifiesto la forzosa necesidad, en ocasiones, de empezar de nuevo una y otra vez, un tema recurrente en la historia de la humanidad, especialmente para aquellos que han sido desplazados y obligados a reconstruir sus vidas en tierras extranjeras.

La obra se compone de tres actos, cada uno ambientado en una época y lugar diferentes. La escenografía de Max Glaenzel y Sílvia Delagneau se ha diseñado con todo lujo de detalles, aprovechando hasta el último rincón del inmenso espacio del escenario de la Sala Gran. Los cambios de escena son fluidos, permitiendo al público viajar a través del tiempo y el espacio sin perder el hilo de la narrativa, creando los momentos posiblemente más cómicos de la obra.

Delagneau también se sirve de un rico vestuario para recrear todas las épocas por donde pasarán los personajes. El atuendo no solo refleja la evolución de las modas y las clases sociales, sino que también ayuda a definir la identidad de los personajes, a conectar más profundamente con ellos y ayuda al espectador a situarlos en su contexto histórico, proveyendo de autenticidad a la historia.

El excelente trabajo de Dani Espasa en la composición musical es imprescindible en esta obra que recorre tantos países y culturas, donde la música siempre ha sido una parte fundamental de ellas. Parte de las piezas se tocan y se cantan en directo, lo que añade un valor significativo a una obra de teatro de estas dimensiones.

En lo que se refiere al trabajo actoral, en este caso, hablamos de una parte realmente elogiable. La obra cuenta con un elenco de once actores que asumen al menos dos personajes cada uno, con la excepción de Ton Vieira. Vestido como la muerte, acompaña a los personajes como narrador a lo largo de toda la obra. Su personaje es fundamental, actuando como cronista de la historia, abriendo y cerrando la función de manera magistral. Vieira, con su soberbio desempeño escénico, no solo cumple con las expectativas, sino que eleva significativamente la calidad de la representación gracias a su interpretación, aportando una continuidad que enriquecen la narrativa de manera notable.

El resto del elenco también brilla con luz propia. Las interpretaciones femeninas de Anna Castells, Olga Onrubia, Clara Segura y Emma Arquillué son especialmente sobresalientes. Cada una de ellas aporta una intensidad y una autenticidad a sus personajes que resultan conmovedoras. Por otro lado, Carles Pedragosa y Sergi Torrecilla están inigualables en su capacidad para equilibrar el drama y la comedia, ofreciendo actuaciones matizadas y profundamente humanas. Todas las actrices y actores realizan un trabajo impecable, logrando un equilibrio perfecto entre lo dramático y lo cómico, y contribuyendo a que la obra mantenga un ritmo dinámico y envolvente. En este montaje, se añade una dificultad adicional a su formidable trabajo, ya que sus personajes abarcan no sólo la interpretación corporal y el cambio de vestuario, sino un esfuerzo adicional en la dicción, puesto que todos hablan en catalán, castellano con acento argentino y yiddish.

La tercera fuga de Victoria Szpunberg, una de las dramaturgas más importantes del tejido teatral actual, ha conseguido romper con la norma de que quien mucho abarca, poco aprieta. Ha escrito y dirigido un gran formato de teatro, de larga duración, recorriendo varios géneros teatrales y ha apretado todo de forma ejemplar. Ha conseguido crear una pieza magistral que, perfectamente, puede erigirse ya en clásico de la antología teatral catalana. Este montaje no solo destaca por su calidad, sino que también se convierte en un reflejo de buena parte de la historia de la humanidad en este último siglo. Además, la ruptura constante de la cuarta pared logra conectar con el público a un nivel profundo. Es teatro en estado puro, una experiencia teatral que celebra la vida y que nos recuerda la capacidad del arte para ayudar a transformar la tragedia en un acto de reflexión.

Crítica realizada por Diana Limones

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