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31.03.2025 Teatro  
Soy una persona horrible – Crítica 2025

Gestionar el fracaso (o la idea social del fracaso) no es nada sencillo. Soy una persona horrible, obra escrita, dirigida, producida e interpretada por Sara González durante estas semanas en el Teatro Lara de Madrid, explora ese complicado proceso de sentir que la vida se desmorona y hay que volver a armarla.

A través de un monólogo teatralizado, González se esfuerza por mostrar una historia compleja, que viste con mucho humor para evitar caer en el drama. Quizá ese es el fallo. Cuenta el relato de una mujer con 40 años que corta con su pareja de la peor de las maneras: poniéndole los cuernos en la celebración de su propia boda. A partir de ahí explica cómo todo se le viene abajo, se muda con su madre a Parla y empieza a tomar desefrenadamente una serie de decisiones que la arrastran hacia el caos y al abuso del alcohol y el sexo.

La pieza se narra a través de recursos cómicos recuerdan al tono y estilo de famosas humoristas estadounidenses como Kristen Bell o Amy Schumer; también se ancla en referentes de principios de los 2000 como Renée Zellweger en su papel protagonista de Bridget Jones o las comedias de Woody Allen. Esta línea más femenina y socorraro, aunque prometedora, se enreda en el cliché y deja al espectador la sensación de estar viendo una obra que ya ha visto demasiadas veces.

Así, lo que podría haberse convertido en una reflexión sobre la crisis de la mediana edad, con todas sus implicaciones, se queda en un carrusel de chistes ya desgastados. La necesidad de hacer reír resulta demasiado evidente, excediéndose con bromas fáciles sobre sexo o drogas, lo que resta naturalidad y frescura. Es una lástima que, en varias ocasiones, la sobreexplicación o la reiteración diluyan el impacto de gags que, en esencia, funcionan bien.

A pesar de todo, en el texto dramático se vislumbran ciertas escenas interesantes. La relación de la protagonista con su madre, que sufre bipolaridad, o sus sesiones con el terapeuta para tratar su salud mental esconden profundas reflexiones sobre la soledad, la tristeza y la pérdida de identidad. Sin embargo, el uso constante del humor como mecanismo de defensa genera una disociación con los momentos más dramáticos y dificulta la empatía con el personaje. Falta espacio para que el texto respire y permita al espectador transitar el dolor del personaje antes de volver a la carga con la comedia.

En cuanto a la interpretación, González lo da todo. Se entrega sin fisuras a su personaje y mantiene el ritmo durante toda la función, pero en ocasiones el esfuerzo es tan palpable que se traduce en una actuación forzada. Queda pendiente una demostración sincera de vulnerabilidad, lo que hace que la pieza pierda la espontaneidad que necesita por su propia naturaleza.

En conclusión, Soy una persona horrible plantea una premisa interesante y cuenta con momentos inspirados, pero se ve lastrada por un humor que se ha quedado en el pasado. Su insistencia en fórmulas ya conocidas impide que la historia adquiera una identidad propia, dejando la sensación de que, más que una propuesta original, es una repetición de algo ya visto.

Crítica realizada por Judith Pulido

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