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26.03.2025 Teatro  
Lapònia – Crítica 2025

El Teatre Condal de Barcelona recupera Lapònia, la exitosa comedia de Cristina Clemente y Marc Angelet. Dirigida por Nelson Valente, y protagonizada por Míriam Iscla, David Bagés, Anna Sahun y Albert Prat, la obra plantea una sencilla pregunta: ¿Es la mentira la clave para mantener la ilusión?

Mònica (Míriam Iscla), Ramon (David Bagés) y su hijo de cinco años, Martí, han viajado a Finlandia para pasar las fiestas de Navidad con la hermana de Mònica, Núria (Anna Sahun), su compañero finlandés Olavi (Albert Prat) y la hija de ambos, Aina, de cuatro años. El pequeño Martí está muy ilusionado, en Finlandia podrá ver a Papá Noel de verdad. La velada entre dos familias se presenta idílica, una casita en medio de abetos nevados, chimenea, trineos en la puerta, entorno familiar plácido… Pero todo se tuerce cuando Aina explica a Martí que Papá Noel no existe, que es un personaje que se inventaron los adultos hace tiempo para coaccionar a los niños para que se llevaran bien. El disgusto de Martí es grande, pero lo es aún más el de sus progenitores. Para Mònica y Ramon mantener la ilusión de su hijo es una de las máximas de la Navidad. A partir de este hecho, las dos parejas contrapondrá dos maneras de educar a los hijos totalmente opuestas, debatiendo sobre la verdad y la mentira, las tradiciones, los valores familiares, e inevitablemente salen a la luz secretos del pasado que nadie tenía ganas de desenterrar.

Cristina Clemente y Marc Angelet firman este hilarante texto escrito a cuatro manos. Una comedia ágil, llena de humor irónico y con una fuerte capacidad para el retrato de la sociedad. Personajes altamente reconocibles que nos harán posicionarnos y dudar en cómo educamos a nuestros hijos.

¿Es la mentira la clave para mantener la ilusión? Este es el conflicto principal que Clemente y Angelet presentan sobre las tablas del teatro a través de dos personajes, los niños, los cuales no vemos en escena. El descubrimiento de la no existencia de Papá Noel nos sitúa frente a una de las dicotomías más utilizadas en el mundo: ¿Es lícito mentir a nuestros hijos para crear una ilusión que les dé felicidad?

Desde pequeños, siempre hemos querido pensar que hay algo más allá de lo que vemos. La magia es una de las falacias más utilizadas por nuestros padres mientras aun estamos en una edad temprana. Papa Noel, los Reyes Magos, el Ratoncito Pérez… todo sirve para crear una ilusión que hace que veamos el mundo desde un prisma distinto. Pasados los años, esta ilusión se hace trizas cuando alguno de nuestros compañeros, al que ya le destrozaron la ilusión con anterioridad, revienta la nuestra. En un inicio no queremos creerle, ya que nuestros padres no pueden habernos mentido; pero al enfrentarlo y cuestionarlo, finalmente agachamos la cabeza, asumimos que no era cierto y, sorprendentemente, nos hacemos cómplices de las mentiras para que otros mas pequeños sigan disfrutando del cuento. Este es el primer escalón hacia la pérdida de la inocencia y la asimilación de que nuestros padres también mienten.

Para conseguir que este mensaje cale bien hondo, se necesita un elenco capaz de ofrecer una actuación fidedigna que capture al espectador hacia ambos lados de la discusión. Míriam Iscla, David Bagés, Anna Sahun y Albert Prat dan vida a las dos parejas que luchan con uñas y dientes por tener la razón. Dos puntos de vista muy diferentes con los que Nelson Valente, director del espectáculo, juega magistralmente en cada giro e intención del texto.

David Bagés nos presenta a un Ramon supeditado a los deseos de su mujer, a la que siempre le da la razón, pero harto de su subyugo quiere mostrar todas sus inquietudes y deseos para que su mujer aprenda a quererle como es. Por su parte, Albert Prat como Olavi nos presenta a un prototipo de finlandés recio y grandilocuente que basa su vida en el empirismo y la ciencia. Parece que se siente superior a los demás y le gusta batallar dialectalmente para esparcir su verdad. Míriam Iscla como Mònica nos presenta a una madre que vive su felicidad a través de su hijo. Ella no quiere que el niño crezca demasiado rápido y vuelca toda su ilusión en la magia que crea para él (y para ella misma). Y, por último, Anna Sahun como Nuria nos presenta a una mujer que dejó su país para emprender aventuras en el extranjero y que, aunque parece que se ha adaptado a su situación, hay muchas cosas que calla y se niega a ella misma.

Así mismo, los cuatro intérpretes nos ofrecen unos personajes cercanos y reconocibles que mantendrán al público presente en alerta dentro de este «juego persuasivo». Interpretaciones divertidas y reflexivas que dejarán entrever un sinfín de juegos de poder entre personajes donde las actitudes y el lenguaje corporal siempre dicen algo más de lo que expresan las palabras.

En la parte técnica, destacar la escenografía ideada por Albert Pascual que nos sitúa en una gran casa de madera en Finlandia a varios niveles y de espacios abiertos. Pascual también firma el vestuario, que nos hace entrever la psique de cada uno de sus personajes antes de que todo explote. Por su parte, August Viladomat firma una iluminación perfectamente ideada para la vivienda en la que nos encontramos, con puntos de calidez repartidos por el espacio y con alguna sorpresa reservada en el final de la obra. Y, por último, destacar el espacio sonoro de Marc Santa, quien hace posible la creación de dos planos, los personajes visibles y los no visibles.

En definitiva, Lapònia se convierte en una obra mordaz, ácida y divertida llena de excelencia que nos hará reír a carcajadas mientras nos juzgamos como sociedad y tratamos de llegar a un entendimiento. ¿Será posible?

Crítica realizada por Norman Marsà

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