novedades
 SEARCH   
 
 

02.02.2015 Teatro  
María es humana y, como madre, padece

Lo de «La Portillo» no tiene nombre. Su Segismundo ya fue una actuación para glorificar a la actriz pero, la interpretación que hemos podido disfrutar de EL TESTAMENTO DE MARÍA este fin de semana en el Teatre de Salt de Girona, eleva su terrenal y humana María, a la divinidad de los escenarios.

Interpretar el monólogo EL TESTAMENTO DE MARÍA de Cólm Tóibín es un trabajo difícil. De por sí, llevar un monólogo a un escenario puede convertirse en la gloria o el infierno para un actor o actriz. Pero interpretar un texto tan controvertido y especial hace que la hazaña sea mayor si esta acaba en buen puerto.

Blanca Portillo está soberbia en su actuación de la Madre de Jesús. Su María, enternece y sobrecoge al público por igual cuando relata, en un pasado cercano, lo que la Virgen debió de sufrir y sentir al escuchar todas las hazañas que su hijo realizaba para salvar a la humanidad.

El inicio de la obra nos presenta a una María diferente a lo que la iglesia nos tiene acostumbrados. Una María reflexiva, lógica, brutalmente real y desgarrada por el dolor, al haber perdido a su hijo. Un hijo normal como cualquier otro que, tras realizar un viaje de búsqueda individual, se presenta al mundo como una pseudo-divinidad. No reconoce a su progenie en la divinidad pero lo peor, es que su hijo, tampoco es capaz de reconocerla a ella.

María siente y tolera, María se revela y cuestiona, María es humana y, como madre, padece.

Pasadas semanas de la crucifixión, María reposa en su casa, exiliada en Éfeso; refugiada de todos aquellos que la persiguieron por ser la madre de. Un exilio forzoso pero, a la vez, necesario. Poco a poco, María nos va relatando las historias y peripecias que ha ido oyendo sobre su hijo, cómo las ha vivido, cómo las ha gestionado y sobretodo soportado.

Desde el primer momento en que la actriz sale a escena, el público queda embelesado con su presencia. Con un semblante crudo y preocupado, la actriz tensiona al público jugando con la mirada y las inflexiones de la voz mientras explica partes de la historia que todos podemos reconocer. La tensión va maximizándose por momentos hasta llegar al instante previo a la crucifixión, cuando cristo, en un atisbo de lucidez terrenal, parece reconocerla mientras la sangre, procedente de la corona de espinas que se clava poco a poco en su tez, brota por su blanca frente camino a su final en la tierra. Una sensación creciente hacia el grito sordo de impotencia de una madre que no le queda otro remedio que aceptar el destino. Un destino que no dudará en justificar ante el público al saltarse, por primera y única vez en el espectáculo, la cuarta pared. Increpándolo y excusándose de su actuación.

EL TESTAMENTO DE MARÍA sobrecoge al espectador de tal forma que el silencio impregna la sala tras pocos minutos del inicio del monólogo; y no llega a romperse hasta los aplausos finales en los que, afectado por lo que acababa de ver, se levanta del asiento para ovacionar al unísono a la actriz. Un cúmulo de emociones que acercaran al espectador a una visión diferente de una divinidad muy cercana.

Crítica realizada por @normanmarsa

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES