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24.03.2025 Teatro  
Camino a la Meca – Crítica 2025

El Teatro Bellas Artes de Madrid acoge sobre sus tablas Camino a la Meca, una obra de Athol Fugard que ahora versiona Claudio Tolcachir y que cuenta con Lola Herrera, Natalia Dicenta y Carlos Olalla para hacernos reflexionar sobre el aislamiento y el conflicto entre lo que se desea y lo que debería ser.

Sabemos que la vejez no es estrictamente un problema biológico o médico, sino que es, en muchas ocasiones, un problema social y cultural; una etapa de declive, de renuncia, de silencios obligados. Sin embargo, hay quienes se oponen a esa descripción, los que comprenden que el envejecimiento engloba las necesidades individuales, deseos y posibilidades de las personas mayores. Camino a la Meca es exactamente eso: la historia de una mujer que, a pesar del juicio de los demás, se rebela contra todos los estamentos de su época y se aferra a su arte y a su libertad hasta el final de la vida.

El relato tiene lugar en un pequeño pueblo sudafricano, en mitad del desierto y bajo la mirada inquisitiva de una comunidad bastante conservadora. Allí vive Helen Martins, una mujer mayor rodeada de sus esculturas y de un apasionante universo de luz que ella misma ha creado con vidrios y velas. Claudio Tolcachir se encarga de dirigir esta obra; su puesta en escena, en la que destaca la dirección de actores, está sustentada con la maravillosa escenografía de Alessio Meloni, que ha recreado el hogar de la protagonista. Una estructura que ocupa todo el escenario, cristalizada y colorida y con decenas de esculturas y farolillos que otorgan fuerza al texto. Juan Gómez-Cornejo, por su parte, firma el diseño de iluminación, mientras que Pablo Menor se encarga del vestuario.

Una de las grandes atracciones de Camino a la Meca es, por supuesto, su pareja protagonista formada por Lola Herrera y Natalia Dicenta. Las dos actrices están impecables, empezando por Dicenta, que borda el papel de la profesora que se convierte en amiga y confidente. Está soberbia deambulando por ese complejo personaje, derrochando naturalidad y frescura y transmitiendo a la perfección todos los matices de la mujer a la que da vida a través de la expresión corporal y la mirada. Nos brinda un verdadero duelo interpretativo de altura con Herrera, que está también magnífica interpretando a esa mujer que desafía a su tiempo; ella resuelve el reto con matricula de honor transmitiendo todas las aristas del personaje: la fuerza, la inteligencia, y al mismo tiempo, la vulnerabilidad en el momento actual de su vida. Completa el reparto otro gran actor, Carlos Olalla, impecable como pastor que representa la voz de la comunidad.

En una obra de este tipo, la elección del elenco es fundamental y Camino a la Meca cuenta con tres actores que se desenvuelven como pez en el agua sobre el escenario del teatro Bellas Artes. Tolcachir logra potenciar en todo momento el trabajo interpretativo, sabiendo que está ante pesos pesados de la interpretación que sacan el máximo rendimiento de cada uno de sus diálogos.

Lo cierto es que ver Camino a la Meca supone una explosión de luz y talento.

Crítica realizada por Patricia Moreno

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