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28.02.2025 Teatro  
El cuarto de atrás – Crítica 2025

El Teatro de la Abadía de Madrid prolonga su homenaje a la escritora Carmen Martín Gaite por el centenario de su nacimiento con El cuarto de atrás. Adaptación de la novela homónima publicada en 1978 en la que lo mejor son sus intérpretes, Emma Suárez, Alberto Iglesias y Nora Hernández.

Tras Caperucita en Manhattan, Martín Gaite vuelve a ser protagonista en el Teatro de la Abadía con el título que le valió el Premio Nacional de Narrativa. Una historia en la que imagina y reflexiona, ordena recuerdos y juega a la evasión onírica. Una suerte de novela y ensayo, de memorias y práctica innovadora con la que prueba y propone registros en una fusión que exige estar atento a cuándo se muestra y cuándo se esconde, cuándo es transparente y cuándo se inventa a sí misma.

Elaboración literaria que María Folguera ha adaptado para convertirla en una dramaturgia en la que todos esos planos de una de nuestras escritoras más ilustres toman forma sobre el escenario. Su infancia en Salamanca, su toma de conciencia sobre cómo funcionaba el mundo -retrógrado, cacique y nacionalcatólico-, su contemplación de su alrededor para llegar a lo que plasmaba sobre el papel y su ser y estar en la intimidad que compartía con los suyos.

Todo un reto que exige una puesta en escena que vaya más allá de la voz y la presencia de sus intérpretes. Requiere servirse de la escenografía y la iluminación para construir esos planos anímicos, espirituales y vivenciales con las limitaciones que supone disponer de un único escenario. Enfoque en el que no se percibe que la dirección de Rakel Camacho haya profundizado cuanto demanda la traslación teatral del universo de quien en privado era llamada cariñosamente Carmiña.

Su plasmación de esos distintos niveles narrativos resulta confusa, no quedando claro cuándo se está en uno o en otro por no percibirse las separaciones, transiciones o superposiciones que pudiera haber entre ellos. El trabajo escénico (José Luis Raymond y Laura Ordás) y de luz (Javier Ruiz de Alegría) es visualmente enriquecedor, pero no aporta todo el significado que sería de esperar para trasladarnos a unas coordenadas tan particulares como las que sugiere El cuarto de atrás.

Deduzco una pretensión surrealista, ¿con ecos de David Lynch?, con base soñadora, que no genera especial motivación vivencial, dejando que todo el peso de la función caiga sobre sus intérpretes y no sobre el atractivo de la historia que se cuenta. Un menos que subraya el más que son las interpretaciones sobresalientes de Emma Suárez, Alberto Iglesias y Nora Hernández.

Los tres construyen unos personajes que transmiten, embaucan y seducen por solitario, y que son aun más cuando comparten y dialogan. Emma Suárez irradia el mismo magnetismo que sigue generando Martín Gaite con sus escritos y el registro de sus intervenciones públicas, una mujer deseosa de indagar, interrogar, comprender y compartir. Alberto Iglesias derrocha camaleonismo como el hombre de negro, cautivándonos con la fascinación de su mirada y gestualidad en variedad de registros en los que despliega tintes entre la omnisciencia, la travesura y la perversidad demoníaca. Energía similar a la que despliega Nora Hernández, enlazando el costumbrismo de lo familiar con la hipérbole de lo cómico y hasta la fantasía de lo musical.

Crítica realizada por Lucas Ferreira

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