
Los líos, juegos y confusiones de Don Gil de las Calzas Verdes se desatan en la sala principal del Teatro de la Comedia de Madrid en un montaje dirigido por Sara Kane que aúna lo expuesto por Tirso de Molina con la atención del público actual gracias a un gran trabajo técnico y artístico con la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico.
¿Dejarme a mí? ¿Cómo se te ocurre? Este es el arranque por el que Doña Juana acude desde Valladolid hasta la capital del reino para darle su merecido a Don Martín, quien ella suponía su prometido y que ahora se hace pasar por Don Gil para convertir a Doña Inés, joven adinerada, en su esposa. Un falso Don Gil al que se sumará aquel en el que Doña Juana se convertirá para, de manera maquiavélica, llevarse por delante el plan de quien la dejó compuesta y ante el abismo de la deshonra.
Excusa para un transformismo que Tirso de Molina supuso cuatro siglos atrás sin entrar en cuestiones morales, únicamente como recurso para dar pie a un enredo de identidades basado en el vestuario y la caracterización, así como en las, en ocasiones, tenues iluminaciones de las localizaciones en las que sitúa la acción. Un dinamismo dramatúrgicamente sustentado en escenas cortas, con personajes que dialogan y monologan consigo mismos, y con un in crescendo a base de trucos, requiebros y sorpresas argumentales.
Sara Kane respeta la retórica del Siglo de Oro, pero la envuelve en un destilado de tópicos e impacto visual que de primeras da la impresión de frialdad vanguardista, pero que convence una vez comenzada la función. La escenografía de Elisa Sanz recuerda al informalismo pictórico, pero su versatilidad escultórica le permite simular interiores y exteriores, fomentar el movimiento y enlazar unas escenas con otras sin interrupción alguna. El vestuario de PierPaoloAlvaro evoca aquel tiempo engolado, abombado y capeado recurriendo a colores impactantes (rojo, verde, azul, amarillo, magenta…).
Superficies y volúmenes que la iluminación de Paloma Parra torna en mate o brillo según convenga, generando atmósferas que tienen mucho que ver con lo lúdico y lo festivo. Es la guinda que convierte este montaje de Don Gil de las Calzas Verdes en un espectáculo que va más allá de una puesta en escena barrocamente canónica, para convertirlo en una experiencia estimulante similar a cualquier espectáculo en el que la norma es aún hay más.
Un elaborado y cuidado envoltorio en el que los intérpretes se mueven cual hábiles comediantes, casi juglares, representando y encandilando a partes iguales. Total acierto de Kane el repartir el papel de Doña Juana entre Cristina García, Ania Hernández y Cristina Marín-Miró, solventando así la dificultad entre bambalinas de concentrar sus diferentes roles en un único cuerpo. Y destacando junto a ellas Miriam Queba como Doña Inés, aportando una comicidad que eleva la sonrisa, y a Xavi Caudevilla como Caramanchel, desbocando la cuarta pared y consiguiendo las carcajadas que certifican la entrega, complicidad y disfrute del público.
Comicidad con calzas verdes, con sus buenas dosis de histrionismo y absurdo, con una interrogante igual de sencilla y ligera, pero no por ello menos cierta, que nos llevamos a casa. ¿Cuánto y cómo nos determinan las posibilidades materiales y las apariencias físicas y sociales en el juego del amor?
Crítica realizada por Lucas Ferreira




