novedades
 SEARCH   
 
 

07.02.2025 Teatro  
La corte de faraón – Crítica 2025

La opereta bíblica La corte de faraón llega al Teatro de la Zarzuela de Madrid para sacudir los vetustos cimientos del coliseo con esos ecos a «lo verde» y el escándalo de su estreno en 1910 en el Teatro Eslava de Madrid. Hombres que entienden, mujeres especiales, y viceversa.

La corte de faraón son cinco cuadros en un único acto, con dirección musical de Carlos Aragón, dirección de escena de Emilio Sagi, escenografía de Daniel Bianco, vestuario de Gabriela Salaverri, iluminación de Eduardo Bravo y coreografía de Nuria Castejón.

Guillermo Perrín y Miguel Palacios, y aquí en versión de Emilio Sagi y Enrique Viana, lo que nos cuentan en La corte de faraón es que el General Putifar (Ramiro Maturana) regresa a la corte de Gran Faraón (Luis Cansino) triunfal tras mil batallas en Siria, y como premio le ofrecen en matrimonio a la virgen Lota (María Rey-Joly), sin esta saber que no podrá consumar el matrimonio porque Putifar llega herido de guerra con una secuela «crucial» para el acto. Este enredo principal cuenta con más nudos como el del casto José (Jorge Rodríguez-Norton), el regalo de la mujer especial Sul (Enrique Viana) y los caprichos de la magnanimísima Reina (María Rodríguez).

Con unas cuantas zarzuelas ya a las espaldas, y conociendo al público de este género, cuando en la sala se grita «fuera», se pita, y se abuchea, como ocurrió en la función a la que asistí; es que alguien lo está haciendo muy bien. Muy bien para el 2025, para una sociedad diversa y plural, y para un público que respeta, comprende y agradece la revisión, la renovación, el juego y el amor por la zarzuela, género condenado, aún con esfuerzo, a que caiga en el olvido y su única difusión en libros de historia. La nostalgia será eso que los que deberíamos ser el relevo generacional veamos cómo de nada ha servido la difusión de este arte, y no la exhumación de momias malditas de un pasado que no fue mejor.

La corte de faraón, pese a unas transiciones poco acompasadas y algún número coreográfico nada armónico, es una zarzuela disfrutona, divertida, con un tercer cuadro, con cuplés improvisados que es pura sicalipsis y transformismo, memorable; y todo un elenco que se divierte con lo que hace, más si cabe, que con otras zarzuelas. Aquí ellos ponen toda la carne en el asador y son los sujetos pasivos de las pasiones, intrigas y venganzas de la corte. Nunca se ha visto tan poca ropa en tenor que en Jorge Rodríguez-Norton, que aquí es un avispado Rocky del The Rocky Horror Show, donde Enrique Viana brilla como Sul, esa mujer especial, regalo de Babilonia, una transvestite como el Dr. Frank N. Furter de Richard O’Brien.

La música de Vicente Lleó suena evocadora, grandilocuente, pícara y juguetona, y «Una canción babilónica voy a cantar» es un clásico como lo puede ser «Madrileña bonita», como lo es Enrique Viana como Sul, con esos cuplés improvisados homenajeando a la noche, la revista, el transformismo y todas las personas especiales que entienden y que forman parte de la zarzuela manque a algunos les pique, como el cuplé de la pulga.

Crítica realizada por Ismael Lomana

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES