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07.02.2025 Teatro  
Impossible – Crítica 2025

La Sala Atrium de Barcelona presenta Impossible, una impactante obra basada en el texto de Erri de Luca y dirigida por Ramon Simó. A lo largo de seis episodios, somos testigos de un intenso interrogatorio en el que un protagonista es sometido a juicio por un crimen del que parece sospechosamente culpable. Pero, ¿es realmente así?

Este espectáculo en catalán, producido por Júlia Simó y Maria Rovelló, profundiza en la gravedad de un asesinato que, por las coincidencias de la vida y extrañas casualidades, apunta directamente a nuestro protagonista. Simples razones parecen ser suficientes para que la justicia determine su culpabilidad. Sin embargo, la tensión se desata en un debate verbal y no verbal entre el fiscal y el acusado, un duelo dialéctico que definirá el destino del protagonista.

En el escenario, Lluís Soler da vida a un personaje astuto y reflexivo, cuya visión de la vida se desenvuelve con ironía y picardía. En el papel del fiscal obsesionado con destapar la verdad, Bernat Quintana aporta una interpretación convincente, aunque su personaje evoluciona gradualmente, dejando entrever grietas en su firme postura. Como figura secundaria pero clave, Guillem Albasanz encarna al abogado, quien actúa como un mero testigo del enfrentamiento, limitándose a observar y escuchar mientras el debate se intensifica.

La sala se transforma por completo en una fría y austera sala de interrogatorios: una mesa en el centro separa al acusado y al fiscal, mientras una luz amarilla recae sobre ellos, enfatizando la tensión del momento. En este ambiente, Soler responde con sarcasmo e ingenio, lo que refuerza las sospechas del fiscal y alimenta su determinación por probar su culpabilidad. Sin embargo, conforme avanza la obra, Quintana se aleja de su rigidez inicial y, casi en contra de su papel, comienza a empatizar con el acusado.
Paralelamente, en los momentos de soledad del protagonista, el escenario se transforma en su calabozo personal. La iluminación se reduce a una tenue luz que acompaña sus monólogos introspectivos y relatos de poesía donde la melancolía y el peso del pasado se apoderan de él.

La dirección de iluminación, a cargo de Joan Alavedra, logra un uso preciso y eficaz del espacio escénico, a pesar de sus dimensiones reducidas. Cada foco está estratégicamente posicionado para transportarnos a distintos escenarios, desde la sala de interrogatorios hasta los recuerdos del protagonista, con el apoyo de una pantalla visual.

Más allá del debate entre acusado y fiscal, Impossible nos enfrenta a una serie de preguntas fundamentales: ¿Quiénes somos después de nuestro pasado? ¿Perdonamos de verdad o solo cuando nos conviene? ¿Se puede empezar desde cero? Con sutileza, Impossible nos sumerge en su trama, mientras Soler y Quintana sostienen un duelo actoral que mantiene al público en vilo. Al final, la obra no solo nos hace cuestionar quién cometió el asesinato, sino también desde qué perspectiva queremos entender la vida: la del fiscal o la del acusado.

Sin duda, esta versión de interrogatorio consigue lo imposible: hacer que el público se debata entre la certeza y la duda, en un juego donde la verdad es, quizás, lo menos importante.

Crítica realizada por Yadi Agurto

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