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26.09.2024 Teatro  
André y Dorine – Crítica 2024

El Teatro Español de Madrid ha comenzado la temporada homenajeando los 15 años de Kulunka Teatro programando sus tres espectáculos de máscaras: André y Dorine, Solitudes y Forever. Gestualidad, emoción y ni una sola palabra logran que las máscaras creen la ilusión de moverse y reaccionar.

André y Dorine fue el primer espectáculo de Kulunka Teatro en octubre de 2010, creado por: Garbiñe Insausti, José Dault, Iñaki Rikarte, Rolando San Martín, Edu Cárcamo; dirigido por Iñaki Rikarte e interpretado por Garbiñe Insausti, José Dault, Edu Cárcamo. El diseño y construcción de las máscaras es de Garbiñe Insausti, diseño de vestuario de Ikerne Giménez y diseño de escenografía de Laura Eliseva Gómez.

Este espectáculo podríamos llamarlo: Amour, la de Kulunka, por todas las similitudes que tiene con Amour (la de Haneke) aunque precisamente la película es posterior (2012), y bueno, el giro trágico final es menos cruel, aunque igual de trágico. Dorine toca el violoncello y André escribe a máquina, y precisamente lo que enamoró a André fue la forma en la que Dorine tocaba el instrumento, y a Dorine le cautivó las palabras que la máquina de escribir plasmaba, directamente desde la mente de André, y a través de sus dedos.

André y Dorine llevan toda la vida juntos, y han tenido un hijo que convierte sus visitas en un suspiro, y el traqueteo de la máquina de escribir es insoportable para Dorine, y las notas del violoncello taladran la cabeza de André; y Dorine ha comenzado a actuar de un modo extraño y labores cotidianas ahora están empañadas por la torpeza o el repentino olvido.

La transición tan rápida que pueden sufrir la personas con demencia se hace presente en escena y André y Dorine comienzan el triste camino del extrañamiento, el uno hacia el otro y lo que es su vida en común; las pequeñas manías de cada uno ya no son nada frente al gigante del olvido y la enfermedad. El gran logro de esta dramaturgia y de la dirección de estas máscaras es que estas parezcan que alteran su gesto según avanza la historia, y es el trabajo de cuerpo del elenco y la música original de Yayo Cáceres lo que sumen a la audiencia en este encanto.

No me va a ser posible completar el tríptico de las máscaras de Kulunka Teatro, pero viendo el primer y el último proyecto creo que hará que pueda apreciar la evolución de una compañía plenamente asentada y reconocida, tanto en respuesta del público como en certámenes de premios, y ya André y Dorine me ha ayudado a tener aún más aprecio hacia una disciplina teatral poco común en el circuito comercial y/o off, que nos remite a los orígenes del arte teatral, y a la representación en tamaño real de este retablo vivo que casi se siente un espejo de nuestras vidas.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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