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19.06.2024 Teatro  
Las bingueras de Eurípides – Crítica 2024

Dos años después de su estreno en Chiclana, y tras una larga gira, llega al Teatre Condal de Barcelona una nueva producción de Las niñas de Cádiz: Las bingueras de Eurípides. La divertida formación gaditana adapta en esta ocasión Las Bacantes con su particular combinación de humor, drama cotidiano y denuncia social con su incomparable salero.

Si en El viento es salvaje la compañía Las niñas de Cádiz reinventaba a Medea y Fedra, la mirada gaditana se posa aquí más contundentemente sobre otra de las obras de Eurípides: Las bacantes. Cambiando Tebas por Cádiz, a Tiresias por el agente Servando y al rey Cadmo por el sargento Suasenaguer, Las bingueras de Eurípides declama desde el título ese punto que va a recorrer toda la obra entre la comedia española, la tragedia griega y el punto de vista femenino.

Si en Los Bingueros de Mariano Ozores el juego acababa de ser legalizado, para estas bingueras, su pasión está vetada: y a diferencia de Saboya y Cejuela, ellas ni siquiera pretenden alcanzar una mínima comodidad económica, sino que utilizan el bingo como válvula de escape para sus miserias personales, punto de encuentro y pequeña rabieta contra el sistema patriarcal. En el bingo cantan mucho más que líneas, despotrican y se cuentan las desgracias y mientras tanto, Dioniso escucha, las magrea y atiende sus plegarias.

En Las bingueras de Eurípides hay un nivel de complejidad aún mayor que en el anterior espectáculo de la compañía, El viento es salvaje (con el que, por cierto, hay un momento de contacto ventoso). El elenco se amplía y a las cuatro actrices se añaden dos actores: Ana López Segovia firma la pieza y encarna a Dioniso/Dionisia, ferozmente masculino incluso siendo una más entre todas. Las «fieles» del local son Rosa (Teresa Quintero), divorciada de su marido, y Dori (Rocío Segovia), que se lleva bien con el suyo, pero para poco. Pronto se les unirá Mercedes (Alejandra López), viuda y con un hijo muy chapado a la antigua… Ante ellas, dos policías muy distintos: Servando (José Troncoso, a la sazón director de la pieza) que entiende que la ley debe ejercerse con manga ancha, y El Suasenaguer (Fernando Cueto) que resulta implacable, apolíneo, y por tanto diametralmente opuesto a Dioniso.

Estas Bingueras siguen bebiendo del ritmo y el verso del carnaval de Cádiz, siguen riendo por no llorar y siguen creando realismo mágico y momentos desopilantes, combinados con tragedia de alto calado, pasada por el filtro de una investigación policial y una sublimación que lo teatral permite de lo fatal.

Un nuevo éxito de Las niñas de Cádiz, una compañía cada vez más imprescindible, que nos enseña lo mucho que se puede disfrutar del teatro en estado puro, oral, vital, fiel a la tradición pero siempre en constante contacto con la realidad y con su tierra. Universales desde lo local, tradicionales desde la modernidad. Ole niñas, ¡al tostadero!

Crítica realizada por Marcos Muñoz

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