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05.06.2024 Críticas  
Los amigos de ellos dos – Crítica 2024

Dos parejas cenan todos los jueves desde hace más de doce años, pero un jueves una de esas dos parejas se retrasa. Este es el punto de partida de Los amigos de ellos dos, de Matías del Federico y Daniel Veronese, que permanecerá en la Sala Max Aub de Naves del Español de Matadero de Madrid hasta mediados de junio.

Ellos dos son Nicolás y Elisa, un abogado y una psicóloga clínica. Una pareja en la que la media define su existencia: mediana edad y clase social media. Viven una vida placentera pero no excitante, confortable pero sin brillo. Una existencia rica en sí misma, pero insuficiente si se compara con la de sus amigos: una pareja perfecta, de vidas perfectas, de hijos perfectos y cuentas bancarias abultadas. Pero los amigos no llegan a su cita, y la espera erosiona la paciencia de Nicolás, y algo más. Ese retraso será la espita que desagua frustraciones, rencillas, y una insatisfacción vital en la que palpita algo más que la simple comparación.

Sobre el papel la trama apunta excelentes formas, más viniendo de la mano de Matías Federico y Daniel Veronese, quien además dirige. Inevitablemente cuando se apagan las luces imagino que asistiré a un diálogo vibrante que diseccione la relación que mantienen esas dos parejas. Una amistad que no es simbiótica, pero tampoco parece parasitaria y que, pese a su falta de criterio, se mantiene durante más de una década. Sin embargo, el resultado coquetea con cierta profundidad pero deja escapar las posibilidades que el planteamiento argumental le brindaba. Como sus protagonistas, se queda en una media: confortable, placentera, pero sin brillo. No obstante, los diálogos son ágiles, bien construidos, y permiten tanto a Malena Alterio como a David Lorente, que protagonizan la obra, armar unos personajes con carácter. El ritmo de la conversación es fluido, y equilibra bien la tensión con cierta chispa que arranca alguna carcajada de una parte del público, pero carece de la ironía necesaria para que podamos sustraernos del retrato amargo que en el fondo nos presenta. La pareja ausente, esta evocación de Godot, es una excusa para analizar la frustración que implica el conformismo vital y la renuncia a los sueños. El diálogo de esta pareja se arroja sobre la platea como un espejo de renuncias, mala suerte, envidia y conciliación.

La estructura está bien planteada, pero se precipita en un final surrealista en la que la espera de los protagonistas parece ser atemporal. Un final que por sí mismo es interesante y podría plantear como cierre muchas reflexiones de fondo, pero ese ejercicio requeriría un recorrido previo que Los amigos de ellos dos no tiene. El libreto debería haber sembrado migas más evidentes de ese surrealismo, com el que coquetea, para que el vertiginoso y desconcertante final estuviera mejor integrado. No obstante, aunque el texto no agote sus posibilidades, la factura del montaje es exquisito. El trabajo interpretativo de Malena Alterio y David Lorente es un festival de complicidad y construcción de personaje. Lorente desarrolla el hartazgo y la rabia de Nicolás, equilibrando entre el humor y el drama. Al otro lado encuentra la réplica perfecta de Alterio, que representa la paciencia y la negociación. Ambos forman una pareja que bien podrían ser esos amigos con los que cualquiera quedaría a cenar todos los jueves. Por último, la escenografía, obra de Elisa Sanz, con iluminación de Pedro Yagüe, nos ofrece la limpieza de formas y decoración mínima de un reservado de un restaurante de alta cocina. Un espacio agradable pero despersonalizado, que actúa como marco perfecto para el tono de la obra, y que centra nuestra atención en el conflicto que se está fraguando.

Los amigos de ellos dos tiene un poco de Bergman y un poco de Beckett. Es amarga y a veces divertida pero bajo su forma amable esconde un retrato crudo. El de una sociedad que negocia cada día con su propia insatisfacción, pero que, como les sucede a Vladimir y Estragon en esperando a Godot, cuando termina la función “Ils ne bougent pas”(no se mueven).

Crítica realizada por Diana Rivera

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