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17.05.2024 Críticas  
Aquí ninguna es de Madrid – Crítica 2024

La Ferviente Compañía se está dando cita, una vez al mes, en El Umbral de Primavera de Madrid, con Aquí ninguna es de Madrid, una «experiencia relacional» de la que están llenando todos los pases desde el mes de febrero.

Cinco miembros aleatorios de La Ferviente Compañía (Adrián Pulido, Alejandro Navarro, Carmen Adrados, Carolina Neka, Leyre Morlán, María García-Concha, María Solanes, Reyes García Casares y Tony Galán) son el elenco de cada función, siendo Aquí ninguna es de Madrid una creación colectiva, creada y dirigida por ellxs; y con espacio sonoro de Juan Sánchez Pulido.

Yo soy de aquí. De aquí de Madrid, vamos. Aunque también es cierto que aquí ninguna es de Madrid, o al menos de Madrid Madrid, porque ese es otro tema. La capital es Madrid, y todo lo que la circunda, no es Madrid; o al menos eso es lo que pensamos los que somos de aquí. De aquí, de Madrid. Que luego cada uno se sienta orgulloso de pertenecer a un barrio de Madrid, y este se coloque inmediatamente antes o inmediatamente después de Madrid, forma parte de ese vínculo que tenemos los de aquí con la ciudad, o al final Madrid no deja de ser para los de aquí como la familia impuesta, algo que no eliges pero con lo que te toca vivir el resto de tu vida.

Tras una introducción del elenco, tras pedir a los asistentes que ubiquen en un mapa de dónde se sienten, sin que ese tenga que ser su origen por nacimiento; se asiste a la escueta aportación de Aquí ninguna es de Madrid, en la que podemos estar tratando con una dramaturgia y una intención teatral, ya que, una vez accedemos a la sala, estamos comenzando el juego y solo se podrá abandonar cuando «el pueblo de Madrid» lo decida.

El quid versa en que, por rondas y consenso, el recién constituido pueblo de Madrid identifique quién es osa y quién es madrileña, siendo las osas las malas del juego que deben ser descubiertas y expulsada de la ciudad, antes de que eliminen a todas las madrileñas. Cibeles y Neptuno velan por el cumplimiento de las reglas del juego, y guían el desarrollo del mismo. De uno en uno o de dos en dos se va vaciando la sala, y depende del azar que le haya tocado a cada uno, la historia acaba antes o después.

Si uno es expulsado de Madrid, comienza un paseo audioguiado mientras se siguen los pasos hacia donde comenzaba el fin de la ciudad, que hoy en día es un barrio más, y donde, quizás, al final del camino, uno se puede llegar a reencontrar con todos aquellos que partieron antes que tú, o encontrarte con tu ex.

Aquí ninguna es de Madrid es un juego interactivo en el que me falta la cercanía con la compañía, y que está de aproveche de ella para llevar a la audiencia por un camino en el que uno sienta que poco a poco se está quedando solo en la ciudad. Ese uso de la empatía o de lo sentimental quizás me hubiese hecho disfrutar más la experiencia, sin sentir que estaba participando en una especie de escape room. Si, es divertida, entretenida, es curioso cómo se forman dinámicas entre desconocidos intentando generar consensos, pero para mí fue solo eso; y eso siento que es lo único que quiere La Ferviente en esta ocasión. Y lo hacen muy bien, y está teniendo una muy buena acogida, por lo que: éxito.

Como colectivo creativo, a los que sigo desde sus inicios, me divierte y disfruto ver cómo juegan con lenguajes escénicos y dónde estos les pueden terminar llevando; máxime cuando, por el momento, La Ferviente no deja de estar creciendo y evolucionando, siendo totalmente imprevisibles. No me puedo imaginar qué pueden estar maquinando para el futuro tras dos adaptaciones de clásicos y ahora un juego de rol en vivo. Aquí ninguna es de Madrid no será mi cosa favorita de La Ferviente, pero ellos siguen siendo de mis cosas favoritas de Madrid.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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