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13.05.2024 Críticas  
El último verso – Crítica 2024

La compañía tinerfeña de teatro Timaginas presentó el pasado 4 de mayo El último verso. El Paraninfo de la ULL, en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife), acogió esta obra original escrita por la joven Raquel Trujillo, quien se inspiró en una de las teorías que existen en torno a la muerte del poeta Federico García Lorca.

Dicha muerte es en esta ocasión abordada desde la hipótesis de que, tras décadas de rencillas entre las tres familias más poderosas de la Vega en Granada – los Roldán, los Alba y los García Lorca-, las cosas alcanzan un punto de no retorno como consecuencia de la creación, por parte de Federico, de la obra La casa de Bernarda Alba. Horacio, el primogénito de los Roldán, descubre que dicha obra está inspirada en los Alba. La matriarca, al sentirse humillada por dicha afrenta a su familia, no cesará hasta conseguir evitar la publicación de la obra y castigar al poeta a modo de venganza. Para ese propósito se vale de Horacio aprovechando la constante necesidad de este de la aprobación familiar, presionándole para que lleve a cabo un plan que desembocará en la injusta muerte del poeta.

Raquel Trujillo ha tejido una historia en la que, a pesar de no saberse a ciencia cierta si es totalmente verídica, ha puesto especial cuidado para que el contexto, los eventos y los protagonistas sobre los que gira la narración sean verídicos y esté todo bien documentado. Queda bien patente que detrás hay un gran trabajo de investigación acerca de los hechos históricos que rodearon la ejecución de Lorca, a partir del momento en que el poeta empezó a plasmar la historia que supuestamente le iba a costar la vida. Pero lejos de ser meramente un relato del pasado, Trujillo ha creado una historia cargada de emoción y magnetismo, que no hace más que engrandecer la existencia del malogrado poeta y así agrandar su leyenda.

María Rodríguez dirigió a la compañía Timaginas en esta representación con un cuidado formidable por el detalle. Era más que obvio que todos los miembros del grupo se movían en la misma dirección y se lo pusieron muy fácil. La clave de todo, y lo sabemos los que conocemos a esta compañía y a sus integrantes, es el amor inquebrantable que ellos sienten por el teatro y especialmente por Lorca.

Al mismo tiempo, María Rodríguez tuvo un papel crucial en esta obra, interpretando un rol que parece que se le da a las mil maravillas, aunque nada tenga que ver con ella a nivel personal. Es el de Francisca Alba, una mujer rancia y apolillada, matriarca de familia bien, que no tolera la más mínima afrenta y está dispuesta a todo para mantener posición y apariencias. Rodríguez defendió el rol de Francisca con la misma maestría que en el rol de Bernarda, haciendo gala de ese enorme talento que tanto nos hace disfrutar.

Armando Jeréz demostró de nuevo que lo suyo son las tablas. Respira teatro por los cuatro costados y en el rol de Horacio se coronó. Se trata de un personaje complejo, que lucha contra sentimientos de inferioridad que le empujan a actuar de forma contraria a su naturaleza y le hacen vivir atormentado. Y Jerez nos llevó a través de ese recorrido del personaje de Horacio con absoluta franqueza y naturalidad. No solo lo hizo creíble, sino que también lo hizo suyo.

Lucía Jerez interpretó a dos personajes, Adela y Elena de Miguel, exhibiendo una versatilidad y naturalidad excepcionales. Se podría decir que de casta le viene al galgo, pues con sus antecedentes familiares se ha criado prácticamente sobre los escenarios. Pero ya en su relativamente corta trayectoria nos ha dejado claro que el talento que posee es suyo y nada más que suyo.

Quien apunta maneras fue Alejandro Fuentes. Pese a su juventud, nos dejó una interpretación de Lorca para quitarse el sombrero. No cabe duda de que tiene un enorme talento. Se puso en los zapatos del poeta y su interpretación rezumaba verdadero amor por el personaje, haciéndonos sentir el dolor por su pérdida injusta. Fue pura sensibilidad y ternura. Todo un regalo para el corazón.

El resto del elenco hizo un acompañamiento magnífico. No en vano son actores con experiencia que a pesar de tener roles con más o menos presencia, otorgaron peso a la trama y le dieron el nivel de excelencia del que pudimos disfrutar. De ahí que Marina Solís, siempre alegre y salerosa pero seria cuando se necesita, interpretó a la tía y a la madre de Lorca de forma exquisita. Sandra Hernández fue una deliciosa Victoria, el apoyo incondicional del inseguro e incomprendido Horacio. Andreas Figuereido y Javier Martos fueron los perfectos matones Trescastro y Ruiz Alonso, que con su actuación seria y perfectamente creíble, nos hicieron saltar de la butaca más de una vez. Y qué decir de Ricardo Trujillo, que con su fantástica interpretación del patriarca de los Roldán hizo evidente su extraordinaria evolución en el mundo interpretativo.

Carmensa Rodríguez volvió a tener un lucimiento especial gracias a sus diseños exquisitos de un vestuario cuidado hasta el más mínimo detalle, para evocar las costumbres de la época. Y el compositor Jesús Martín Fernández creó en esta, su segunda colaboración, una banda sonora de ensueño que acompañó a los personajes en cada escena, exaltando sus emociones y logrando que estas se transmitieran a los que observábamos lo que pasaba en las vidas de los protagonistas. Sin duda es un pedazo de compositor.

El último verso no ha sido una creación de solo una persona. Es como si Lorca ya hubiera hecho suya esta historia y arrancara en el mismo momento en que empezó a escribir la obra que quizás motivó muerte. Timaginas Teatro, implicados en dar voz al poeta, aunque hace décadas algunos intentaron apagarla, ha realizado de forma artesanal una labor en equipo para llevar a la gente una representación única. Es mejor que no se pongan techo, porque cada vez que con cada estreno nos ha parecido que lo habían alcanzado, han venido y nos han vuelto a dejar con la boca abierta, los ojos húmedos, el corazón henchido y el alma abierta.

Crítica realizada por Celia García

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