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19.03.2024 Críticas  
Memòria, la identitat més enllà de l’horitzó – Crítica 2024

La Sala Badabadoc de Barcelona, nos lleva a los años de la dictadura de Argentina de la mano de Memòria, la identitat més enllà de l’horitzó una obra autobiográfica de Anna Gonzalvo que se puede ver hasta el 25 de marzo.

Memòria, la identitat més enllà de l’horitzó nos cuenta la historia de Vera, una joven de treinta años que decide emprender un viaje a Argentina con la intención de conocer más su historia familiar y así, poder acabar de construir -también- parte de su identidad y la de su madre. Una historia familiar llena de silencios, preguntas sin respuesta y dolores que se intuyen pero de los que nunca se habla. Vera siente que esta situación la desborda y decide viajar al otro lado del mundo para encontrarse y encontrar respuestas. Una vez instalada en la casa que fue de su abuelo, Vera nos cuenta lo que vive y cómo se va sintiendo al respecto. Es a través de su monólogo y de la interacción con otros personajes –algo que no vemos pero que imaginamos perfectamente- que conseguimos conocer a Vera y a su entorno.

Anna Gonzalvo interpreta a Vera en un ejercicio de auto-ficción que nos cuenta su historia y la de su familia bajo un prisma de gran sensibilidad. Gonzalvo se nos muestra cercana y auténtica en todo momento, y es por eso que nos es fácil empatizar con ella y con sus emociones. De alguna forma, sentimos que la conocemos más y más a medida que pasan los minutos. Es de ley felicitar a Anna Gonzalvo por abrirse ante el público de una forma tan sincera. El teatro debe ser verdad y, aunque uno nunca debe dudar de lo que le están contando, con Memòria el público se adentra en la vida de Vera desde el principio y la sigue en todo su viaje (ya sea el viaje físico como el interior).

La intensidad de la obra –escrita por la misma Anna Gonzalvo y dirigida por Aleix Fauró– va en auge y el ritmo se mantiene de forma interesante para el público, transportándonos a dos épocas, la presente y, por el otro, la de la Argentina de 1976. Si tuviera que decir algo que tal vez me faltó sería precisamente la necesidad de más contexto en su inicio. El público de origen Argentino –que llenaba parte de la platea- seguramente ató cabos rápidamente, uniendo las distintas tramas que la obra iba proponiendo. Sin embargo, para aquellos que íbamos sin demasiada información previa, fue más lento ubicar algunas de las escenas en un tiempo y un lugar concreto, generando cierta confusión. No obstante, esta confusión se fue diluyendo con el paso de los minutos y, por tanto, no fue impedimento para que nos emocionáramos con la historia de Vera y la de tantas familias en busca de la verdad.

La escenografía, parte de la cual se va descubriendo a lo largo de la función, ha sido diseñada por Paula Font, y ésta, caminando de la mano de la iluminación propuesta por Anna Espunya y la música de Mel Semé y Lola Aguirre, ayudan a que el cambio de escenas también sea un completo cambio de localización y época. En una obra donde el cambio de tiempo es tan importante, la parte técnica consigue unas transiciones ágiles de una forma simple –que no quiere decir sencilla- gracias a la buena unión de muchos elementos.

Memòria, que ya se presentó en Argentina, llega ahora a Barcelona para no dejarnos indiferentes. Muestra de ello es especialmente el final, lleno de emoción y simbolismo. La función termina rompiendo la cuarta pared, dejando los aplausos para más tarde, diluyendo la separación entre el escenario y la platea. Las últimas frases de la obra que Anna Gonzalvo dice mirándonos fijamente a los ojos, consigue hacernos partícipes de una forma que nos emociona profundamente y nos pone la piel de gallina. “Memoria, verdad y justicia”, eso gritan las mujeres incansables y valientes de la plaza de Mayo cuando se reúnen para honrar la vida de sus hijos, nietos, familiares y amigos desaparecidos por orden de la dictadura Argentina. Algo que se nos queda grabado a todos al salir del teatro.

Por último, destacar que Anna Gonzalvo inicia con esta obra su carrera como dramaturga, pero desde aquí la animamos a seguir este camino –sin dejar de lado el interpretativo-. La historia y la forma de presentarla al público no han sido sino una muestra de que esta artista tiene mucho por decir y mucho por emocionarnos. Desde aquí, le seguiremos la pista sin lugar a dudas.

Crítica realizada por Maria Sanmartí

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