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21.02.2024 Críticas  
Tot fent Pigmalió – Crítica 2024

En Tot fent Pigmalió, en la Sala Versus Glòries de Barcelona, Manel Barceló y Lloll Bertran ensayan una versión para dos actores del Pygmalion de George Bernadrd Shaw, en la versión catalana de Joan Oliver. Pero, ¿porqué ha querido Lloll volver a hacer Pigmalión si ya lo protagonizó con Dagoll Dagom en 1997? Y a Barceló, ¿le apasiona este título o My Fair Lady?

Se supone que en la crítica, la valoración llega al final, pero permítame el respetable comenzar diciendo que Tot fent Pigmalió es una delicatessen, una pequeña perla que ha aparecido en el panorama teatral barcelonés. Como El collar de la reina del Teatre Akademia, tiene a solo dos personajes interpretando «tots els papers de l’auca» (ellos mismos lo dicen tal cual en un momento de la obra), como Els Watson del TNC, es un ejercicio de teatro dentro del teatro que expone las costuras de la misma obra que estamos viendo. Pero va más allá.

Tot fent Pigmalió es tanto una medio-representación de los principales momentos del Pigmalión de Bernard Shaw tradució al catalán por Joan Oliver (1957) como un homenaje a My Fair Lady (versión musical del mismo texto), la obra de 1956 pero sobre todo la película de 1964, y sus diferentes versiones en inglés y catalán. Podría quedarse ahí, pero también es un homenaje a la tarea de los diferentes creadores de todo ese proceso, en particular a Joan Oliver y a su extraordinario trabajo sobre la lengua catalana a partir del de Shaw sobre la inglesa; una reflexión sobre la memoria emocional y sobre lo que significa para actores veteranos enfrentarse a personajes mucho más jóvenes que ellos.

Marc Rosich escribe la dramaturgia que une todos estos hilos en un nuevo tapiz, y dirige, junto a Jordi Andújar a todo el equipo. Un equipo en el que destaca una importantemente anticuada escenografía diseñada por Sergi Corbera (importante porque nos situa en uno de esos lugares donde el tiempo fluye de otra manera, como son las salas de ensayo que han sobrevivido durante muchas décadas en el mismo lugar), y el vestuario de Raquel Ibort, fragmentado y progresivamente yuxtapuesto para ir exponiendo y creando a los personajes a medida que estos mismos se van definiendo, pero también a medida que adquieren su ccaracter definitivo y que se van sumando versiones de la historia. El cartel de la obra nos presenta a los personajes definidos por su vestuario, pero la obra nos los va a presentar desde el inicio, desde los actores que los van a ir explorando y defendiendo.

Esta particular y sensible alineación de astros solo se da en salas de proximidad como la Versus, que define en sus principios su intención de generar «experiencias, sensaciones y emociones a través el arte». Porque eso es precisamente lo que se produce aquí: sensaciones y emociones personales y colectivas, a partir de la memoria pero también de la desmemoria, un diálogo entre personajes, actores y público que resulta una experiencia artística mayúscula. Memoria, memorable, mito… Y ahí, al final, en el conjunto y fuera de foco, aparece el convidado de piedra al que nadie ha nombrado en toda la noche: el Pumayyaton fenicio que Ovidio en sus Metamorfosis convirtiera en Pigmalión. El escultor enamorado de su propia obra a la que da vida Afrodita… como estos dos actores están enamorados de la obra de Joan Oliver, la pamela de Audrey Hepburn y el trabajo de Rex Harrison.

Crónica realizada por Marcos Muñoz

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