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19.02.2024 Críticas  
Los chicos del coro – Crítica 2024

Ha llegado a Barcelona el montaje madrileño del musical Los chicos del coro, basado en la película francesa de 2004. Con pequeños cambios en el elenco adulto para la gira, y los necesarios en el reparto infantil, la obra de AMR Produce, con experiencia hasta ahora en festivales y galas televisivas, permanecerá en el Teatre Tívoli hasta el 21 de abril.

La versión musical de Les choristes, escrita por Christophe Barratier y Philippe Lopes-Curval con canciones de Bruno Coulais (respectivamente, director, guionista y compositor de la película), se estrenó en 2017 en el Folies Bergere de París. En este caso, por tanto, aunque nos encontremos ante la enésima adaptación teatral de una película de éxito, sabemos que el equipo que la ha creado será honestamente el más fiel al artefacto original. Pero, ¿es el más adecuado para convertir su propia película en un musical?

Pedro Víllora (Excítame, el crimen de Leopold y Loeb) ha adaptado la versión española que, dirigida por Juan Luis Iborra (Un chico de revista, Una noche con ella), se estrenó en Madrid en 2022, alzándose con cinco galardones BroadwayWorld y cuatro Premios del Teatro Musical.

Como en la película original, Los chicos del coro nos explica la historia de Clément Mathieu (Manu Rodríguez), un profesor sustituto que llega al internado de Fondo del Estanque en la posguerra francesa, cómo se encuentra con un director dictatorial, Rachin (Rafa Castejón), unos chicos revoltosos, y, a diferencia de la pelicula, unas chicas y la directora de su orfanato, la profesora Langlois (Eva Diago), que ha quedado destruido. Hay un hálito de esperanza cuando Mathieu les empieza a enseñar música, hay elementos perturbadores como el «malvado» Mondain (Iván Clemente), hay una potencial historia de amor con Violette (Chus Herranz), la madre de uno de los chicos… Pero de fondo hay un pesimismo crónico donde, pese a las mejores intenciones, casi todo acaba frustrándose.

El elenco de profesores y de alumnos de la película aquí se ve reducido de forma llamativa, quedando todo el claustro formado por el director Rachin, Mathieu, Langlois y el manitas de Maxence (Xisco González). Eso implica una cierta desestructuración del ambiente del internado, que parece casi abandonado.

Musicalmente, la mayoría de temas de la obra son bastante prescindibles o parecen puestos «a dedo» (hay incluso un gran número de baile de Maxence con los niños que parece casi desconectado del resto de la obra), aunque sí destacan el tango del director, «Acción-reacción», así como la canción de Langlois (extraordinaria Eva Diago) y los dos números de Mondain. Y ciertamente en sus canciones, Manu Rodríguez consigue mantener el espíritu de su personaje, aunque no tenga temas memorables pese a ser el protagonista. En cuanto a los números corales de la segunda mitad de la obra, están razonablemente bien, en algunos casos muy logrados, pero la calidad de los integrantes del coro es muy variada, y el peso que recae sobre Pol Ribet (Billy Elliot) genera a veces demasiadas expectativas, siendo las más uniformes del conjunto las cuatro chicas, Lucía Gutiérrez, Clara Baldi, Laura Doncos y Berta Doñate.

La obra se sostiene sobre todo por el carisma de Rodríguez y su enfrentamiento con el odioso Castejón, y repunta gracias a Diago y al encanto de varios de los niños, pero no acaba de funcionar como musical en conjunto, solo en momentos puntuales, quizás por todo lo que se le ha quitado al original (tanto la película como el montaje francés), quizás por pretender ser cosas que no es. A ratos da la impresión de que faltan escenas o de que se ha condensado demasiada información en algunos puntos donde no hacía falta (peligroso el infodump siempre es). No es una mala obra, y sigue manteniendo mucha de la emoción del original, pero es un musical a duras penas pasable.

Crónica realizada por Marcos Muñoz

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