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31.01.2024 Críticas  
El olvido no se pacta

Alberto San Juan firma, dirige e interpreta Macho grita en el Teatro Pavón de Madrid, una comedia musical que parte del mito de Don Juan para profundizar en la relación entre nuestro presente y el ciclo que inaugura el año 1942. Un acercamiento personal a la historia de nuestro país para reflexionar, con humor, sobre cómo se construye la identidad patria.

Macho grita es una crítica social en la que Alberto San Juan transita entre lo individual y lo colectivo, situando en escena aquello que forma parte del pasado de España pero que muchas veces ha sido silenciado, invisibilizado u oprimido por el poder político y económico, por las violencias ejercidas contra los seres humanos y el territorio en el que residimos; una pieza teatral que camina entre lo social, lo musical, y lo humorístico.

¿Qué tiene que ver todo aquello con lo que ocurre en la actualidad? ¿Qué relación puede haber con la expulsión de los judíos y de los moriscos y la destrucción de cualquier rastro o evocación de todas esas culturas que habitaron la península ibérica durante siglos? ¿Podemos asociar la Inquisición de alguna manera con lo que ocurre hoy? ¿Por qué la lacra machista continúa siendo una realidad aplastante? No hay una respuesta única para todas estas preguntas pero, al menos, se crean una serie de reflexiones sobre las tablas del Teatro Pavón que dejan de lado el pacto del olvido al que nos empujan continuamente algunos políticos y dirigentes. Macho grita reconoce que la memoria también sirve para conseguir justicia y cerrar heridas que permanecen abiertas desde hace demasiado tiempo. Y es que el teatro no tiene que servir únicamente para entretener o distraer de la rutina, también debe ofrecernos la posibilidad de reflexionar y tomar conciencia.

Todo se va construyendo como un rompecabezas de canciones, episodios de la propia vida del actor madrileño y textos literales de María Zambrano, Sánchez Ferlosio, etc.
San Juan narra, canta y baila con este texto crítico pero cargado de humor que da como resultado una propuesta notable en su contenido y en su forma. El actor dota de vida a este montaje con su habilidad y solvencia natural; su energía inunda cada rincón del escenario y mantiene un ritmo y un interés que no decae en ningún momento. Domina de manera sobresaliente el espacio, sabe mantener nuestra atención con cada movimiento que ejecuta y es admirable su enorme frescura y su idoneidad para conectar con un público completamente entregado. Además, no quiero dejar de destacar su capacidad de improvisación para salir airoso de cualquier imprevisto que surja.

Los músicos Pablo Navarro, Gabriel Marijuan, Miguel Malla y Claudio de Casas consiguen meterse a los espectadores y espectadoras en el bolsillo, desde el principio, haciéndoles partícipes de un concierto frenético al que no le sobra ni un minuto. Bravo también por ellos.

La puesta en escena de Macho grita es sencilla y sobria, una escenografía funcional que consta de una mesa y unas sillas y una iluminación, a cargo de Raúl Baena y Eduardo Vizuete, que tamiza este espectáculo durante los noventa minutos que tiene de duración.

Macho grita es una obra que no deja indiferente gracias a esa puesta en escena teatral en la que se mezcla la música en directo, la crítica y el humor. Una combinación realmente atractiva.

Crítica realizada por Patricia Moreno

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