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14.12.2023 Críticas  
Hedda en la caja

Hedda Gabler de Henrik Ibsen en la adaptación libre dirigida por Àlex Rigola nos propone una puesta en escena totalmente desnuda en la que busca se busca la esencialidad escénica, concentrando la atención en la interpretación de sus actores. El montaje actualmente puede verse en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle Inclán de Madrid.

Hedda Gabler es una obra intensa de personajes perdidos. Su protagonista es una mujer inteligente y tóxica, sumergida en un tedio vital que mitiga arruinando la vida de quienes la rodean. Es una historia propia de un autor y una época determinada, pero cuya esencia gira en torno al sadismo de su protagonista. Una maldad puramente intelectual que encuentra entretenimiento haciendo daño al prójimo. Ésta es la esencia de Hedda y ésta es la esencia que persigue Àlex Rigola en este montaje atípico.
Son muchas las decisiones que se dirigen a buscar esa esencialidad escénica. Alguna de ellas concluyen en grandes aciertos y otras, lamentablemente, no alcanzan el impacto deseado. Entre los aciertos se encuentra la adaptación. Àlex Rigola dispone del texto de Henrik Ibsen con libertad. Descontextualiza la trama, depurando la acción hasta un mínimo esqueleto dramático en el que las referencias temporales se diluyen y nos quedamos en un tiempo indeterminado, que puede ser contemporáneo o no. Elimina personajes superfluos y sintetiza los diálogos, despojándolos de teatralidad. Las interpretaciones también son conducidas hacia una extrema naturalidad. Frente a la palabra, el silencio cobra peso (por momentos casi rozando la incomodidad), y a la gestualidad mínima es la estrictamente necesaria. Con esta premisa profundamente intimista, y orientada a la pura esencialidad escénica el trabajo de sus cinco protagonistas, Nausicaa Bonnín, Miranda Gas, Pol López, Marc Rodríguez y Joan Solé, se vuelve paradójicamente mastodóntica. Su labor interpretativa es, sin duda, el mayor acierto y el que despierta mayor interés. El trabajo de los cinco actores, especialmente de Nausicaa Bonnín es magnético. El ritmo lento permite que los actores se observen, se midan y también midan a su público, al que parecen interpelar personalmente integrándolos en la acción.

El segundo gran elemento que Rigola ha introducido como definitorio de este montaje es el espacio escénico. Para Hedda Gabler, como ya lo hizo anteriormente para Vania de Chéjov, construye una caja de madera de 9 por 7 metros en la que introduce a los cinco actores protagonistas y a 80 espectadores, en su máximo aforo. Cohabitando el mismo espacio, los actores y el público todos nos convertimos finalmente en observadores y observados. A priori asumiríamos que esta decisión escénica debería promover mayor intimidad y naturalidad, sin embargo la realidad es que no aporta nada esencialmente relevante ni para la interpretación, ni para la trama. La sensación no deja de ser la que uno percibe en cualquier sala off o incluso en alguna sala pequeña como la de la Princesa del Teatro María Guerrero. No encuentro la buscada esencialidad y por otro lado la decisión estética arrastra una serie de servidumbres logísticas que resultan incómodas. El acceso a la caja se vuelve pesado y el esperado efecto casi performativo se diluye en esperas, instrucciones, más esperas y más instrucciones que nos sitúan casi en un contra clímax antes de empezar. Afortunadamente la presentación que Bonnín, Gas, López, Rodríguez y Solé realizan de sí mismos y de los personajes que van a interpretar rápidamente nos conducen a la intimidad que Rigola persigue y la caja proporciona, y el resto es el magnífico trabajo de estos cinco actores.

La Hedda Gabler que dirige Àlex Rigola es una adaptación demasiado libre, con una decisión escenográfica que se queda en buenas intenciones pero no logra aportar nada adicional. pero que sin embargo permite ofrecernos unas interpretaciones íntimas profundamente conmovedoras en su naturalidad y que constituyen su mayor acierto.

Crítica realizada por Diana Rivera Miguel

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