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20.09.2023 Críticas  
Viaje alucinante al fondo de la mente de Marilyn

El angustioso paso de Marilyn Monroe por la Clínica Psiquiátrica Payne Whitney (1961) establece el marco de Piano blanco, musical para actriz y pianista dirigido y protagonizado por la argentina Jimena González que puede verse en La Badabadoc de Barcelona. Mitos derribados y confirmados como preámbulo para conocer a la mujer que había detrás del personaje.

El texto de Piano blanco que firma Marcelo Caballero (Lo quiero ya, Somos nosotros) rezuma sensibilidad sin una pizca de sensiblería. La música y las letras que ha escrito Juan Pablo Schapira (Lo quiero ya, Mamá está más chiquita) para poner en boca de Marilyn cumplen de forma natural con la máxima de que en el musical se canta cuando hablar ya no basta. Porque, en 1961, Marilyn Monroe (aka Norma Jean) es una mujer desbordada y desbordante.

Pero lo que desborda de verdad la escena de La Badabadoc es el talento de Jimena González: por composición del personaje, porque con (y sin) la ayuda de una peluca, un maquillaje y tres piezas de ropa te convence en un minuto de que estás ante la Monroe y ante todas las astillas que había en su interior. Una gestualidad precisa, muy trabajada y calculada, pero perfectamente integrada, hacen que sintamos, sin lugar a dudas, que ella es Marilyn, y aún más con los pequeños guiños coreográficos que hace en sus primeras canciones. Y cuando ya nos tiene convencidos, entonces se atreve al más difícil todavía, porque ya tiene las riendas del personaje y de nuestra fe, y aún así no para de triunfar.

También por sororidad, si se quiere entender así. Por conexión con el mundo interior de una mujer a la que todo el mundo adoraba u odiaba por su apariencia externa. Por entrar dentro de la persona y del personaje y atreverse a poner el foco en aspectos de su fragilidad y de su fuerza que normalmente no entran en la ecuación «Marilyn Monroe«, pero que son esenciales no solo en su final sino en todo su desarrollo en todas sus facetas.

Es la combinación de Caballero, Schapira y González la que resulta absolutamente demoledora, y lo que convierte este espectáculo en uno de los musicales más interesantes que han pasado este año por Barcelona. Sin olvidarnos de Fernando Herrera al piano, que construye un paisaje sonoro, musical y finalmente incluso argumental valioso y emocionante. Herrera es el único que acompaña, y desde la distancia, a esta Marilyn en algunos de los días más solitarios de toda su solitaria vida.

Llena de contenido, de poesía y de pasión escénica, Piano blanco es una obra que nadie debería perderse. Y no podemos sino desear que Jimena González vuelva a menudo por Barcelona, porque queremos seguir viéndola desplegar su maravilloso arte.

Crítica realizada por Marcos Muñoz

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