
El prestigioso Balletto di Milano presenta Carmen en el Teatro de La Latina de Madrid, una versión neoclásica, fiel a la novela de Prosper Mérimée de 1845 que sirvió de inspiración para el libreto de la ópera-cómica de Georges Bizet (1875).
La historia que tiene lugar en Sevilla se centra en el joven militar Don José, interpretado por Mattia Imperatore que, por amor a la bella gitana cigarrera Carmen, se convierte en un contrabandista. Carmen, interpretada por Giusy Villarà, el pájaro rebelde y apoderado acaba rechazando a su amante por el torero Escamillo (Hiroki Inokuchi), lo que desemboca en su asesinato por parte de Don José.
Carmen se ha convertido en una de las óperas más populares y representadas en el género clásico. Indudablemente, gracias a la música de Georges Bizet, brillante por su melodía, su armonía y por la atmósfera enigmática y trágica que aporta a la obra. Con el tiempo, el mito de Carmen ha llegado a ser un arquetipo universal. Más allá del símbolo de feminidad y seducción, Carmen simboliza la liberación y la emancipación verdadera de la mujer que rompe con las reglas establecidas, algo inaudito en aquella época. Por eso, la obra ha resistido el paso del tiempo y nunca paso de moda. Sigue siendo un modelo de inspiración para cada generación y ha entusiasmado a muchos artistas contemporáneos en los ámbitos del cine, de la literatura, de la cultura pop.
Carmen y su trágico Destino son los que protagonizan este ballet frenético. El Destino interpretado por Alberto Viggiano va persiguiéndola como una sombra. Es también el que pone en su camino a Don José primero y luego a Escamillo y le va revelando su destino a través de los símbolos de las cartas: el amor, la traición y la muerte. Carmen entiende que no podrá escapar de su destino y que su pasión atormentada por Escamillo, acabará con su vida. Alberto Viggiano como Destino, es encantador, enigmático y transmite mucho misterio.
Giusy Villarà en la función de Carmen ofrece una interpretación emocionante, desvelando las dos caras del personaje. En sociedad, una Carmen picante, poderosa que no le teme a nadie, y en la penumbra de su soledad, demuestra toda su fragilidad, sus miedos y su sufrimiento. Más allá de las apariencias de esta mujer seductora, entendemos la dualidad de esta personalidad tumultuosa. Nada es blanco o negro, son solo matices, paletas de colores que van de la mano. Nos encontramos ante una mujer atormentada por un destino ya sellado, que no puede controlar, a solas con ella misma. En estas escenas de introspección, Carmen representa a todas las mujeres y todas somos Carmen.
Desde un punto de vista escenográfico, el Balletto di Milano propone unas coreografías explosivas, todas de la mano de Agnese Omodei Salé y Federico Verratti. Desde la famosa Habanera del primer acto, hasta la Canción del Toreador del segundo acto, bellamente ejecutada por Hiroki Inokuchi. Vamos de escenas con muchas diversión, risas y seducción con las danzas de conjunto de gitanos, soldados y cigarreras a otras más oscuras, en las que Carmen se enfrenta con su soledad y sus demonios. Este ritmo marca la futura tragedia y juega con nuestras emociones.
Las actuaciones son notables, alternando diversión y dramatismo con mucha fluidez, tal como es el caso en la obra epónima de Georges Bizet. Los protagonistas alternan la alegría y el sufrimiento, la pasión y el deseo de venganza. La extraordinaria música de Georges Bizet acompaña las emociones y el sufrimiento de sus personajes. Los intérpretes ejecutan la coreografía con gran tenacidad y técnica sin olvidarse nunca de transmitir la emoción correcta. La escenografía de Marco Pesta nos sumerge en la Sevilla de finales del siglo XIX, opulente, teatral y alegre.
Carmen trata de la libertad, del amor obsesivo y de los celos asesinos, temas muy representativos de las derivas de nuestras sociedades contemporáneas. Por esa razón, la obra sigue conmoviéndonos profundamente. Es una clásica historia de triángulo amoroso, que solo puede acabar mal, de estas historias que nos fascinan tanto como nos destrozan. Nos recuerdan que elegir es renunciar a todo lo demás y que estas decisiones dejan huellas en nuestras vidas para siempre.
Crítica realizada por Angélique Travessa




