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14.06.2023 Teatro  
And introducing… tubular bells

Para celebrar el 50º aniversario de la aparición de disco Tubular Bells de Mike Oldfield, ha nacido la formación Opus One, dispuesta a llevar a los escenarios una versión lo más fiel posible al disco original. La fiesta ha llegado al Palau de la Música de Barcelona, con una invitada de excepción: la cantante escocesa Maggie Reilly. Carried away like a moonlight shadow…

50 años después, Tubular Bells sigue siendo un hito de la música moderna. Así lo acredita un Palau de la Música lleno hasta la bandera de fans deseosos de lo que parecía imposible: escuchar la interpretación íntegra del disco original. Algo nada habitual por varios motivos: Oldfield lleva años retirados en las Bahamas, de Tubular Bells se han hecho con los años remezclas y reversiones que la han ajustado a los gustos modernos, y además la obra original tiene una complejidad instrumental destacable. Pero Opus One sabía que la magia era posible.

Encabezados por Xavier Alern, ideólogo del proyecto y mago de las cuerdas, los quince integrantes de la formación nos transportaron de vuelta al sonido de 1973, multiplicándose en muchos más instrumentos. Un ejemplo: los cinco guitarristas (Alern, Carlos Cruz, Tote Martínez, Marcos Sánchez y Manu Suárez de la Vega) usaron más de una docena distinta de ellas para conseguir el sonido más fiel posible en cada fase de la sinfonía eléctrica. Hay que tener en cuenta que en original todo, excepto 3 instrumentos, lo tocó el propio Mike Oldfield, a base de superponer sucesivas grabaciones individuales.

Tubular Bells arranca con las famosas notas de piano que hoy parecen indisolubles del inicio de El Exorcista, pero enseguida comienza a mutar, primero con la llegada del glockenspiel de Joan Torras, transformándose en una especie de jam session perfectamente ensayada en la que los instrumentos se persiguen, se influyen, en que el piano de Santiago Galán trata de recuperar el control. Sin la clásica división por pistas, la música va fluyendo, creciendo, evolucionando. Aquí mandaban los sintetizadores de Pito Costa o Jaume Gispert, allí la flauta travesera de Xavier Rocosa, o cualquiera de las guitarras. A veces un crescendo nos lleva a un abrupto final, para inmediatamente ser sustituido por otra melodía. El remate tradicional del disco, con el universal «Sailor’s Hornpipe», nos llevó a todos a navegar con Alern a la mandolina y el público a las palmas

Mención especial, dentro del conjunto brillante en todo momento, para las voces, que aquí tienen una aparición esporádica pero muy importante, tanto los murmullos y coros celestiales de Silvia Segura (también bajo), Anna Luna, Olaia Brugada (también flauta) y Claudia Stecatto, como el cavernícola del «maestro de ceremonias» Xavi Lite, gutural descendiente de un ogro y padre del death metal, y sin embargo con una presencia y precisión escénicas iguales a la de cualquier otro de los instrumentos.

El juego de luces resultó también particularmente interesante, lanzando propuestas en un entorno musical que se presta a muchas interpretaciones. Aquí un rojo violento, allí un amanecer, o el azul del mar. ¿Hemos asistido a la creación del mundo, con la aparición final del hombre y la civilización? ¿Es un juego musical tras otro, una sopa de homenajes, guiños y expresiones con los que Oldfield iba jugando? Oldfield dice que no hay historia ni concepto unitario. ¿Necesita acaso la música de explicaciones, de metáforas, de sentido más allá de sí misma? ¿Termina la música con el autor, o la completan los intérpretes y los que la escuchan?

La segunda parte del recital se transformó en algo distinto, más cercano a un concierto pop. La protagonista: Maggie Reilly, toda una institución por sí misma, y gran colaboradora de Oldfield en su resurgir de los años 80. Uno tras otro, repasó los grandes éxitos que todos conocíamos, desde «To France» a «Guilty» o la inefable «Moonlight Shadow», incluyendo un tema instrumental («Muse»), uno a capella («Everytime we touch») e incluso un fantástico bis, «Family Man». Palau en pie, varias veces, para arropar a la formación y a la cantante.

Y no es para menos: la del 13 de junio de 2023 fue una noche de gloria. Una de esas noches que pasan a la historia y que merecen ser inmortalizadas en un album o un DVD (había cámaras rodando) pero que desde luego merecen ser vividas. Lo que ha hecho Opus One (el nombre inicial que le puso Oldfield a la primera mitad de su disco) es memorable, arqueología musical moderna y a la vez magia musical viva y palpitante. Un sueño de campanas tubulares a la luz y la sombra de la luna.

Crítica realizada por Marcos Muñoz

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