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10.02.2023 Críticas  
Spa metafísico

Casi diez años después de su estreno en estas mismas salas, llega a las Naves del Español de Madrid la continuación de Los nadadores nocturnos, Premio Max al mejor espectáculo revelación de 2015: Los nadadores diurnos. Salón de belleza, de José Manuel Mora, repitiendo dirección de Carlota Ferrer.

El hijo de Jean G. (Manuel Tejera) viaja a Porto en busca de respuestas y siguiendo los últimos pasos de su padre. El gerente del hotel (Juan Codina) en que la habitación de su padre se encuentra clausurada desde su partida, será su guía en el camino iniciático de creación del Salón de Belleza en el que cruzarán sus caminos la taquillera de una sala X de Pigalle (Carlota Ferrer), una mesiánica cuidadora (Julia de Castro), un joven performer (Enrico Barbaro Jr.), el Chico Paloma (Alberto Velasco), un hombre a la sombra del fantasma de su madre, pero con un pene enorme (Carlos Beluga); y un homeless con chaps (Tagore González).

José Manuel Mora ha compuesto un texto que es todo un ejercicio de asfixia autoerótica, suspendido en un espacio-tiempo confuso, neblinoso, entre el universo literario de La Torre Oscura de Stephen King y el visual del Lynch; los parlamentos de los personajes se precipitan sobre la audiencia como una lluvia de losas densas y pesadas, que lastran el avance de todos los aspectos estéticos de Los nadadores diurnos. El casi nulo protagonismo del espacio escénico de Eduardo Moreno, es suplido por el diseño de la iluminación de David Picazo, aunque el espacio sonoro y la composición musical de Tagore González sea el verdadero protagonista del montaje: la música electrónica y los inquietantes acordes de la sección de viento y cuerda de Los nadadores diurnos son los aspectos memorables que me llevo del montaje.

Carlota Ferrer lo tiene muy fácil en la dirección contando con un equipo amigo, con el que está habituada a trabajar, y todos interpretan sus papeles del modo que se les espera, sin sentir que ninguno destaque sobre el resto. Su diseño de vestuario es preciso, precioso y completamente evocador, casi más que la trama que se desarrolla. Siento que todos los aspectos estéticos y no relacionados con la palabra son brillantes en Los nadadores diurnos y ojalá pudiese decir, como la Joan Crawford de Johnny Guitar, cuantísimo me ha gustado y he disfrutado de la propuesta pero estoy seguro que, como Sterling Hayden, esa información no le es de interés a nadie.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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