
Dos décadas después de su primer estreno, El Ballet Nacional de España, vuelve a presentar El Loco, un homenaje al bailaor Félix Fernández. Bajo la dirección de Rubén Olmo, con dirección artística de Paco López y coreografía de Javier Latorre, esta obra histórica del repertorio del Ballet español vuelve a lucir en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.
El Loco cuenta la historia de Félix Fernández, ‘El Loco’, un bailaor que actúa en los mejores cafés cantantes de Sevilla. Una noche, Félix (José Manuel Benitez) conoce a Diaguilev (Rubén Olmo), gran empresario ruso y amigo del Rey de España y a sus dos invitados, Massine (Carlos Sanchez), coreógrafo y Tamara Karsavina (Miriam Mendoza), bailarina de los Ballets Rusos. Diaguilev, le habla de su ambiciosa obra, El sombrero de los tres picos, un Ballet ruso de tema español que se estrenaría en todo el mundo, empezando por Londres. La historia no nos cuenta cuál fue el acuerdo establecido entre los dos hombres. Pero, lo cierto es que la noche del estreno, Félix no está actuando en el escenario. Aquella noche cambiará definitivamente el curso de su vida y lo dejará perdido en las calles londinenses.
Desde los primeros instantes, viajamos en el tiempo hasta el año 1916. Con una primera escena potente y brutal, que sitúa al público en el contexto del sanatorio, sentimos las primeras notas de destreza que luego dejan paso a unos gritos de terror que deja entender todo el desamparo del protagonista. Félix sufre en su piel y hasta podemos sentir y compartir su sufrimiento. El protagonista interpretado por José Manuel Benitez captiva con una actuación justa y conmovedora.
Luego, una escena encantadora y ligera en un café donde los intérpretes bailan sin aliento, alegres, bajo el ritmo de las guitarras flamencas y de unas voces cálidas, las de los músicos del Ballet Nacional de España y de los músicos invitados Juan M. Jiménez, Agustín Diassera y Juan José Amador. Es una noche llena de promesas. Con El Loco no se ha dejado nada al azar. Todos los elementos del escenario participan en el hechizo de este viaje en el tiempo. Existe una cohesión perfecta entre los intérpretes, los músicos y cada pieza que rodea el escenario.
La iluminación de Nicolas Fischtel es majestuosa, a veces mística, hasta terrorífica, desempeña un papel esencial en la obra. La penumbra del sanatorio y la luz caliente y acogedora del café ‘Novedades’ realza este contraste entre una época alegre y la oscuridad que está por venir. Acompañada por una escenografía puntiaguda de Jesús Ruiz que nos teletransporta en aquella época. La música, es otra pieza maestra de la obra que se une al baile como un único ser. Bajo la dirección de Manuel Coves, y creada por Mauricio Sotelo y Juan Manuel Cañizares, la música nos abraza en cada escena, gracias a la participación del majestuoso Orquesta de la Comunidad de Madrid junto a los músicos flamencos del Ballet Nacional de España que demuestran todo su talento.
Más allá de la historia, la obra es un verdadero elogio a la locura y del lugar que ocupa en nuestras vidas. Una reflexión sobre la representación del artista, de los demonios que le atormentan y de la dificultad de deshacerse de ellos en tiempos de caídas e inseguridades. Es una labor que hace eco en cada uno de nosotros.
Finalmente, llega el baile mortuorio con una escena final mágica en todo su silencio y su delicadeza. Por fin, la Dama Blanca pone un punto final al sufrimiento de Félix, envolviéndolo de sus brazos bajo un velo suave que al tocar su piel lo libera de todos los males, de la cruda realidad, del vacío que lo rodea. En su último viaje acompañado por esta Dama Blanca, Félix, solo y perdido en la oscuridad de su fracaso, se va y entonces todos los fantasmas de su vida dejan de perseguirlo. El imperceptible hilo de luz dejó de existir.
El Loco es una de esas obras que te deja marcado por la profundidad y el poder de la trama, realzada por la belleza y la justeza de una escenografía cautivadora. Son de esas obras que tienen algo de magia, como un hechizo que te atormenta días después de la representación. No es nada más ni menos que una historia de amor entre un hombre y la danza. Un hombre que persigue un sueño, su única razón de vivir que la vida le arrebata sin piedad. Te marchas del teatro lleno de emociones y de compasión por aquel Félix, conocido como «El Loco».
Crítica realizada por Angélique Travessa




