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26.10.2022 Críticas  
Cita en la peluquería

Tras su paso por la sala Lola Membrives como texto, con más de 20000 espectadores y 6 años en cartel, el espectáculo Lavar, marcar y enterrar renace como musical en la sala Cándido Lara del Teatro Lara de Madrid con la incorporación de nuevos personajes, diferente formato y un ritmo vibrante apoyado en los temas originales.

La afluencia de gente frente a las puertas de este céntrico teatro madrileño un buen rato antes de que comenzara el espectáculo demostraba que Lavar, marcar y enterrar ha sido todo un referente sobre las tablas del arte más divertido. Esta adaptación en la que la acción se desenvuelve combinando canciones, diálogos, actuaciones y danza no parece una tarea nada sencilla pero debido al enorme éxito que cosechó en su momento, la obra se antoja estimulante. Lo no tan bueno es que las expectativas generadas son muy altas y cuando no acaban de cumplirse dejan cierto sabor agridulce.

El arranque de Lavar, marcar y enterrar, el musical, es celebrado por todos los espectadores y espectadoras que estábamos allí presentes pero pronto el entusiasmo decae paulatinamente a medida que el espectáculo avanza y va demostrando un resultado que cojea en determinados momentos. Es cierto que la forma de representar la historia es bastante original: en el interior de una peluquería de estética ochentera como escenario único y versátil. Allí cuatro personajes muy diferentes cruzan sus vidas de manera inesperada y el pasado comienza a desenterrarse en esta historia que combina no solo actuación, sino también baile y canto.

Inma Cuevas y Jacinto Bobo son el alma de esta historia. Ambos realizan un logrado trabajo de composición de personajes que dota a a obra de un estilo divertido, gamberro y que sabe jugar con el público presente para hacerle partícipe de su argumento y de los giros inesperados. Forman un enérgico combo en el que se aprecia la química que hay entre ellos porque, independientemente de todo lo demás, es innegable que tienen una gran complicidad y que están compenetrados de principio a fin. Junto a ellos, forman también parte del reparto Eva María Cortés y Sara Navacerrada, ambas correctas en lo musical y en la comedia. Sergio Campoy, Alberto Sánchez-Diezma y Antonio Villa derrochan soltura por cada rincón de las tablas de este céntrico teatro madrileño. El elenco logra que el ritmo no decaiga casi en ningún momento aunque, a mí parecer, tiene bastante más fuerza en la segunda mitad del espectáculo. Como es habitual en las comedias, Lavar, marcar y enterrar, el musical, muestra diálogos más o menos predecibles pero muy cercanos a la jerga actual y, en algunas ocasiones, cae en los estereotipos y en el humor fácil.

Dejando de lado las interpretaciones, la escenografía que van moviendo los propios actores y actrices encaja de maravilla con lo que va sucediendo sobre las tablas. David Pizarro utiliza los medios adecuados para apoyar la narrativa y dar soporte a la interpretación. Es una lástima que el sonido no esté a la altura en prácticamente ningún momento: los micrófonos se apagaban de vez en cuando, a veces el volumen era excesivo y se producían sonidos estridentes que resultaban realmente desagradables.

Este musical de José Masegosa basado en la obra de Juanma Pina logra arrancar carcajadas a un público completamente entregado a un montón de diálogos más o menos ingeniosos que cumplen el cometido de distraer y entretener y gustan a la mayoría de los asistentes al Teatro Lara. Su tirón comercial es innegable y busca el mero entretenimiento en estos tiempos tan oscuros.

Crítica realizada por Patricia Moreno

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