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28.02.2022 Críticas  
¡Ole mi coño!

La productora ANEXA nos trae otra ronda de los míticos Monólogos de la vagina al Nuevo Teatro Alcalá de Madrid, que cumplen veinte años en los escenarios españoles, esta vez bajo la dirección de Edu Pericas y con Olga Hueso, Rocío Madrid y Albanta San Román.

Los monólogos de la vagina son ya parte de la cultura del teatro, estrenados en 2001 en Estados Unidos de la mano de Eve Ensler y fueron muy polémicos en su día. Una obra en la que la vagina tiene literalmente voz propia siempre va a encontrar opositores y aún así este éxito mundial ha sido traducido a 45 idiomas y representado en más de 120 países. Este ejercicio educativo cómico nace de entrevistas con más de 200 mujeres en las que se analizaron respuestas sobre sexualidad, tabúes, relaciones y violencia en las relaciones.

Edu Pericas dirige esta nueva adaptación de un texto ya mítico de la mano de Olga Hueso (El secreto de Puenteviejo, Mamma Mía), Rocío Madrid (El ministerio del tiempo, Amar en tiempos revueltos) y Albanta San Román, la menos conocida del trío, pero que promete un futuro brillante sobre el escenario.

En este “monólogo” en primera persona conocemos a Olga, su yo joven y su vagina, que tienen una conversación entre ellas y con el público. También contamos con la voz de una niña que responde a las preguntas de la entrevista original y que protagoniza el momento más enternecedor de la noche. La obra termina en el terreno reivindicativo con una traca final muy fuerte, sentimental y emocional, nada cómica, llevando al público desde un punto álgido de comedia a la tragedia humana más cruel y poniendo la violencia machista en primer plano.

En Los monólogos de la vagina nos encontramos con tres actrices de calibre que se complementan perfectamente: Olga, la mujer adulta que quiere compartir su conocimiento, sobria y de tono crítico, Rocío, haciendo de la vagina de Olga, un terremoto de simpatía y verdades como puños, sin filtro y con acento que es sin duda lo mejor de la noche, por último, Albanta interpreta a Olga de joven, un chica risueña, dulce, inocente y descubriéndose a sí misma. La complicidad y la química entre las tres es palpable y llena el escenario de sonrisas y risas auténticas que se contagian a la audiencia.

El escenario y la iluminación (escenografía de Xavier Erra, luces de Ignasi Morros) son simples: un foco y unas sillas tapadas que van apareciendo con el desarrollo de la historia. Simple, íntimo y eficaz consiguiendo mostrar el avance de la obra de una manera minimalista, notable por su sutileza.

Los monólogos de la vagina es una comedia que intenta recolocar percepciones y acabar con tabúes que eran más relevantes en la época de su estreno hace ya veinte años que hoy en día como, por ejemplo, el vello púbico o los juguetes eróticos. No diría que la obra es relevante, pero sí parte del movimiento feminista teatral de principios de este siglo que reivindicó una nueva y mayor libertad de las mujeres, casi historia de la mujer.

El desparpajo, naturalidad y las sonrisas sinceras de tres actrices que disfrutan sobre el escenario y se disfrutan las unas a las otras es una delicia. Hay partes de la obra que cambian cada noche como broma privada y se puede palpar ese mágico momento de amigas que bromean en un bar y se miran con puro amor, desprendiendo una calidez que llega al público. Es una obra que todas las “personas con coño” (perdón, estoy citando a la vagina) deberían ver al menos una vez en la vida, aunque sea para conocerse algo mejor y para ver el lado más cómico del feminismo terminando con un canto a todas esas mujeres que no pueden disfrutarlo hoy.

Crítica realizada por Ariadna Ortega

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