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02.02.2022 Teatro  
Confusa astracanada social

El Teatre Gaudí de Barcelona presenta en cartel La Grossa i la Bèstia, un musical de pequeño formato creado originalmente por Ever Blanchet y Maria Clausó que se presenta como una crítica a la actual situación socioeconómica Barcelona, en la cual, encontrar un piso digno para vivir es casi un milagro. ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar por ello?

¿Matarías por vivir en un piso en el Eixample? Bolinda (Carol González) tiene un piso alquilado en Provença 108, en pleno Eixample Barcelonés, pero quien paga la mensualidad es Nacho Rovira (Sergio Campoy), su pareja y aspirante a magnate del pladur. El muy caradura la cierra con llave para salir a ligar con otras chicas ya que, Bolinda, ha cogido peso estos años y Nacho la repudia por ello. De fiesta en fiesta, Nacho conoce a la Flaqui (Anna Herebia), una chica con afición por las artes marciales y que casualmente busca piso. Obligados a convivir los tres bajo un mismo techo, empezará un conflicto con planes secretos, que requerirán la intervención del Virginio Birra (Jaume Casals), un Mosso d’Escuadra y de Sixto (Carles Pulido), el repartidor de pizzas.

A simple vista y con la información previa que disponía, me aventuré a ver un nuevo espectáculo musical que basaba su historia en la crítica social; tratando temas interesantes como la búsqueda de una vivienda digna, las relaciones tóxicas, el maltrato… Una historia que tenía todo para convertirse en algo de lo que hablar y debatir. Aun así, una vez sentado en la sala, las dudas comenzaron a aparecer en mi cabeza. No comprendía si lo que estaba viendo era un drama, una comedia, una «drama-media»… Tras la confusión inicial, llegaron las dudas en las que no alcanzaba a comprender el léxico que se utilizaba en la obra. ¿Porqué estos personajes hablan tan mal el catalán? ¿Porqué se inventan tantas palabras? Una pregunta tras otra rondaba mi mente y, a día de hoy, sigo sin entender la voluntad de Ever Blanchet y Maria Clausó al crear un texto y obra que tiene una comprensión inicial tan confusa para el espectador. Efectivamente, revisando las caras del público, me di cuenta que no era el único; la mayoría de las personas de la sala parecían estar en mi misma situación.

Finalmente, decidí no pensar y dejarme llevar a través de esta astracanada que presenta situaciones complejas llevadas al extremo. En base al texto y a la dirección, sigo confuso sobre lo acontecido en el Teatre Gaudí. No porque la obra fuera difícil de seguir o porque las situaciones que se relatan no estuvieran claras. Simplemente, el planteamiento inicial de la obra no es claro para el espectador, algo que hace que el disfrute de la misma se pierda y no consigas adentrarte en la historia.

Aun así, he de comentar que hubieron varios temas que me agradaron. Empezando por la distribución del escenario, con esos pequeños taburetes como apoyo actoral y el suelo lleno de marcas a la vista del público. Ellos no necesitan mucho más y, a nosotros, hacen que dejemos volar nuestra imaginación y nos imaginemos nuestro propio piso del Eixample (ese que nunca tendremos).

En segundo lugar, mostrar mi absoluto apoyo a la banda de cuatro músicos en directo capitaneados por Josep Maria Borràs. Su música toca muchos géneros diversos pero tienen un bagaje rock que enamora al público. Bravo por el trabajo bien realizado. Ellos son Pep Mendoza a la guitarra, Joan Gené al bajo, Àlex Gaspa a la batería y el mismo Josep M. Borràs a los teclados.

Por último, debo dar crédito a los actores y actrices del espectáculo (Carol González, Sergio Campoy, Anna Herebia, Jaume Casals y Carles Pulido). Su actuación es buena, aunque quizás en ocasiones demasiado histriónica (algo que parece venir con el texto). El nivel vocal del grupo es perfecto y todos tratan de llevar su personaje al estrellato. Si bien es cierto que los que se llevan la palma son Anna Herebia y Sergio Campoy. Ella: actriz todo terreno. Su control actoral y vocal nos fascina. Su personaje nos da miedo desde que aparece en escena. Algo oscuro oculta, algo con lo que disfruta y, con temor, disfrutamos de ella como nunca. Él: nos presenta a un personaje al que odiamos. Un despreciable venido a más. Pero, ¡cuidado!, que lo que su personaje sufrirá en escena es más que interesante. Como cautivador es el proceso que el actor debe realizar en escena para con el personaje. ¡Bravo por ambos!

La Grossa i la Bèstia es un espectáculo al que acudir sin pretensiones; con ánimo de dejarse llevar y no tratar de comprender el porqué de lo que el texto nos cuenta. Puede que hayan cosas que chirríen, que no convenza en el espectáculo, pero disfrutarás de ello si te lo permites.

Crítica realizada por Norman Marsà

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