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21.06.2021 Críticas  
La memoria de la cuneta

Excelente y emotivo montaje el que acoge estos días la sala principal del Teatro Español de Madrid. Una noche sin luna, a partir de textos y entrevistas de Federico García Lorca es teatro necesario e imprescindible. Teatro que remueve las fosas y aviva la memoria de un país.

Una noche sin luna mataron a Lorca. Una noche sin luna le asesinaron. Una noche sin luna su cuerpo quedo oculto en una cuneta aun hoy por encontrar. En el camino de Viznar a Alfacar, cerca de su Granada. La luna, tan presente en los textos del poeta, no fue testigo de la atrocidad.

Juan Diego Botto ha escrito un texto brillante. De esos que apetece releer. Tomando como base los textos, entrevistas y discursos de Lorca nos lleva a un fehaciente relato biográfico. El mismo se pone en la piel del poeta, y de unos cuantos personajes más, para contarnos con una verdad inmutable retazos de la vida de Lorca. Como él mismo se fue poniendo en el disparadero. Muchas de las respuestas y chanzas del escritor suenan tan cotidianas. Muchas de sus luchas siguen siendo las luchas de hoy.

La función es de esas que funciona con métrica teatral. Sergio Peris-Mencheta sabe ir dando con certeza en todos los resortes. Jugando con la luz, la música, las temperaturas. Hacer teatro es jugar a hurgar en las emociones y aquí lo hace magistralmente. Eso sería imposible si en escena no estuviera Juan Diego Botto, que en un ejercicio de generosidad teatral se enfrenta e interpela al público. Con una naturalidad impactante, mutando emociones, un despliegue que pocos pueden registrar. Juguetón, vanidoso, frágil, aterrorizado, empoderado, enamorado.

La escenografía de Curt Allen, magistral para llevarnos a ese viaje de Teseo, para ver el polvo que cubre la memoria, para entrar en la mente del poeta, para ver su universo. Todo acompañado de una luz maravillosa de Valentín Álvarez. Suena La tarara, Anda jaleo, El pequeño vals vienés y se nos encoge el alma, a la vez que las lagrimas empiezan a humedecer el ambiente.
La función es certera, incomoda incluso en algún momento, sumamente directa. Interpela al espectador. Por momentos tan real que la piel se eriza. Tristemente tan cotidiano, tan aleccionador, tan cercano. Los discursos del odio, homófobos, suenan tan recientes, que las cunetas parecen abrirse bajo el patio de butacas.

Hacía mucho tiempo que no sentía tantas emociones juntas en una sala de teatro, y a juzgar por la ovación no fui el único. Una noche sin luna lleva girando por España hace unos meses ya, y ojalá giré por muchas plazas más. Es de esos montajes que se recordaran durante tiempo. Es de esos montajes que apetece repetir y repetir, yo ya tengo mis entradas para regresar. Brillantez teatral como pocas veces se ve.

Gracias Juan Diego Botto, gracias Sergio Peris-Mencheta, por ese viaje a esa noche sin luna. Por hacernos trabajar la memoria, por espolearnos, porque al salir del Español y ver la estatua de Lorca nos preguntemos muchas cosas, nos respondamos otras. Porque las cunetas sigan hablando y no caigan nunca en el olvido.

Crítica realizada por Moisés C. Alabau

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