
Teatro del Temple llega al Teatro Fernán Gómez de Madrid con Los hermanos Machado. Esta obra, creada a partir de un texto de Alfonso Plou y con dirección de Carlos Martín, imagina una conversación entre Manuel y Antonio Machado que tiene lugar en su casa familiar unos años después de que el último muera.
Quién iba a pensar que una habitación sería escenario de un reencuentro a mitad de camino entre este mundo y el más allá. A Manuel (Félix Martín) se le aparecen sus fantasmas cuando puede volver a ver y hablar con Antonio (Carlos Martín), quien ya falleció; lo que en principio le parece una broma pesada, termina por ser un sueño muy real, en que los hermanos intercambian pareceres, recuerdos y circunstancias.
Antonio, o Toñito, como le dice su hermano, intuye que está en esa habitación para tener una charla pendiente con su hermano, y así se lo deja saber. El hilo conductor será el tema de España, o deberíamos decir las dos Españas; y es que Manuel terminó por ser poeta del régimen. En la pared, un mapa de España. Los hermanos son uno de tantos ejemplos de familias divididas, enfrentadas, en uno y otro bando. Defienden sus ideales, pero se impone la complicidad fraternal y los enfrentamientos terminan por convertirse en burlas inocentes.
Sus biografías se entrelazan con sus obras y no solo en aquellos tiempos en que escribían teatro juntos. Ante todo, eran poetas y el poema es el medio para expresar su pensamiento, sus lecciones de vida, o sus vivencias, más bien sus reacciones y sentimientos ante esas vivencias.
Las mujeres, ya lo dice Antonio al comienzo en su primera aparición, son las que llevan el peso del mundo y lo hacen girar. La actriz Alba Gallego hace una labor impecable interpretando a Leonor, Guiomar, Eulalia, Lola Membrives, su madre y alguna que otra más que acompañó o se cruzó en la vida de los hermanos. Gallego, además de cantar y trasladarnos a los años 20 y 30 del siglo XX, integra cada nota del violín en sus personajes y en la escena, marcando los ritmos y cambios entre escenas.
Excelentes las interpretaciones de los tres actores. Quizá el mayor reto sea el de interpretar a Antonio, por ser el más conocido de los hermanos, pero Carlos Martín concentra en el personaje una potencia y candidez que lo hacen más que reconocible y creíble, además de entrañable. Debo destacar las escenas finales en que el poeta relata su propia muerte a su hermano, tremendamente poéticas, llenas de dolor y simbolismo.
El texto es bello y complejo a partes iguales, acumulando referencias históricas y literarias a través de la vida de los dos hermanos poetas sin llegar a bombardear o aturdir al público; más bien todo lo contrario. No falta el homenaje a la poesía, a Valle-Inclán, a Darío y la influencia del Modernismo, a Lorca, o al controvertido Unamuno, entre otros.
Los hermanos Machado responde a su título: es una obra sobre ellos, pero también es un reflejo de una realidad y de una época convulsa, de diferencias irreconciliables, acusaciones y juicios, que cuestiona lo que es la lucha, la traición y las circunstancias personales a la hora de sobrevivir. No hay duda de que Antonio era “el poeta del pueblo”, pero la obra no se aprovecha ni de la posible rivalidad de los hermanos ni del tan criticado matrimonio con Leonor. Va mucho más allá, hacia la experiencia de lo humano, hacia el futuro.
Crítica realizada por Susana Inés Pérez




