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27.09.2019 Críticas  
Desastres y carcajadas

El 26 de septiembre se estrenó La función que sale mal en el teatro La Latina de Madrid, una comedia dirigida en su versión española por Sean Turner para todos los públicos que ha cautivado a más de 8 millones de espectadores desde su estreno en el West End de Londres en el año 2012.

El céntrico teatro madrileño reabre sus puertas tras permanecer cerrado dos meses para realizar una importante y necesaria reforma que todos los espectadores y espectadoras llevábamos deseando desde hace bastante tiempo. En alguna crítica he hablado del indudable deterioro del teatro La Latina y ¡tachán, tachán! ahora quiero recalcar lo bien que ha quedado. ¡Más vale tarde que nunca!

No hay nada como el placer de estrenar algo, respirar el aroma que desprende un teatro recién reformado y si es con una obra realmente divertida todo resulta aún más atractivo e, incluso, embriagador porque se produce una erupción de risas del público que sabe a gloria.

La función que sale mal muestra a una inexperta compañía de teatro amateur que intenta representar una obra de misterio -“Asesinato en la mansión Haversham”- al más puro estilo de las novelas policiacas de Agatha Christie: en una casa tiene lugar un asesinato y varios personajes deben seguir las pistas para desenmascarar al asesino.

Nada más entrar al teatro ya te encuentras inmerso en el espectáculo puesto que maquilladores, técnicos de sonido, limpiadores, etc. se mueven por el patio de butacas interactuando con los espectadores que buscan su asiento con una gran sonrisa en la cara que, pongo la mano en el fuego, no desaparece durante los 120 minutos –descanso incluido- que dura el espectáculo. De esta manera, rompiendo la cuarta pared, logran dotar de dinamismo y frescura a este espectáculo. Lo que en definitiva, es un gran acierto.

Se trata de una comedia con un ritmo tan frenético que me pregunto de dónde sacan las fuerzas los artistas que están sobre las tablas. Suceden muchas cosas en muy poco tiempo y cada segundo en el escenario es una coreografía milimétrica adaptada a cada frase. Los actores y actrices –Héctor Carballo, Carlos de Austria, Carla Postigo, Alejandro Vera, Noelia Marlo, César Camino, David Ávila y Felipe Ansola– demuestran estar en forma y realizan un brillante ejercicio interpretativo, complejo y muy bien ejecutado. ¡Prodigiosas actuaciones!

También merece la pena destacar una escenografía, a cargo de Nigel Hook, cuidada hasta el más mínimo detalle que se adapta a cada una de las escenas que van teniendo lugar (aunque parezca lo contrario). Lo mismo ocurre con la iluminación y el sonido.

Disculpad si en algunos aspectos soy algo más escueta que de costumbre pero hay cosas que es mejor no saber para disfrutar más de La función que sale mal. Y es que no tiene mensajes profundos ni reflexiones para vivir mejor; simplemente es un espacio para olvidar todo y reír a carcajada limpia, que no es baladí.

Los beneficios de la risa son conocidos desde hace siglos, es un método infalible que disminuye nuestros niveles de tensión y que fortalece nuestras defensas. ¿Hacen falta más motivos para ir a ver La función que sale mal? Todos nos merecemos un par de horas de felicidad.

Crítica realizada por Patricia Moreno

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