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19.09.2018 Críticas  
Cuando la huida es el único camino

El Teatre Tantarantana retoma uno de los títulos más celebrados de la última edición de Terrats en Cultura. Si tinguéssim més coca et demostraria com t’estimo es una pieza que convierte la excusa inicial en hábil maniobra para tratar varios temas, entre los que la identidad, la clase social y el amor adolescente delimitan el desarrollo de la función.

Alberto Díaz y Gemma Beltran Aniento han realizado un esmerado trabajo en la adaptación y traducción del original del irlandés John O’Donovan. Han optado por obviar cualquier tipo de referencia localista para adentrarse sin subterfugios en el corazón de la pieza y mostrarnos a estos dos personajes y un agridulce e implacable instante de su historia. Más allá de algún acercamiento puntual como la ubicación en plena noche de San Juan y de algún giro en el uso idiomático tampoco se ha querido evidenciar en exceso la traslación a nuestro contexto inmediato. Aprovechar el terrado del teatro no solo mantiene la esencia que dio origen a esta propuesta sino que permite al público descubrir un espacio más del edificio, algo que es de agradecer. Un factor que ayuda a que la predisposición con la que recibimos la función sea óptima, además de convertirse en escenografía natural de la pieza en cuestión.

La opción exterior es más que viable, aunque una vez descubierta la sorpresa tampoco sería descabellado pensar en el contraste que aportaría una escenografía al uso en el interior de una sala y con un diseño de iluminación adaptado. Muy probablemente el proyecto que nos ocupa disfrute de larga vida y este podría ser un factor a contemplar en un futuro. Una variante interesante de algo que, por otro lado, funciona muy bien para que los espectadores compartamos el único espacio exterior donde los personajes se pueden mostrar ante sí mismos como realmente son y vivir su amor de manera espontánea. Exterior y a la vez presidio. La dificultad para salir (simbolizada como la presencia policial) está muy bien plasmada. La única opción es la huida. Hacia dentro o hacia fuera. Escasos metros cuadrados custodiados por las autoridades del orden público, desplazamiento hacia otro lugar fuera del nido o escapada de la vida deseada para vivir según los cánones marcados por otros En resumen y por decirlo claro, nos situamos en las antípodas de Love, Simon (la reciente película de Greg Berlanti).

El estallido del primer amor en un contexto sin perspectivas de futuro, ni económico, ni laboral. Ni tan siquiera familiar. Un primer amor homosexual en un espacio donde la violencia y el maltrato ocupan un lugar predominante en cuanto a género y a abuso de poder se refiere y con nula esperanza de cambio. ¿Cómo encontrar el camino que nos lleve a desarrollar la propia identidad? A destacar la ambientación sonora de Joan Alabedra. Teniendo en cuenta que apenas se utilizan más elementos para amplificar las resonancias de la propuesta, la función de este apartado resulta imprescindible y refuerza todo lo que sucede durante el desarrollo de la misma. Hay otro factor bastante bien hallado que dibuja a los personajes a través del registro lingüístico. Aquí hay que destacar de nuevo la traducción de Beltran Aniento.

Sin duda, las interpretaciones de Marc Balaguer y Pau Escobar consiguen que empaticemos con los jóvenes a los que interpretan desde el primer momento. Efervescencia muy bien plasmada, tanto a través de la forma y contenido de sus conversaciones como del tono y ritmo de las mismas. Ambos saben cómo desarrollar una línea transversal en sus trabajos y a la vez mostrar toda la fragilidad y vulnerabilidad de su situación Amor, drogas, alcohol y violencia. No hay impostura y la verosimilitud se respira desde el primer momento. El dominio y utilización del espacio y la urgencia que transmiten en todo momento (tanto a través de la palabra como del gesto) convierte el trabajo interpretativo en la perla de la función.

Aquí hay una trabajo muy importante de Díaz, que consigue incluso sortear la tendencia de O’Donovan a reincidir en la utilización de las conversaciones de los protagonistas para que aparezcan el resto de personajes. Si bien es cierto que estos últimos son claves para que los acontecimientos se desarrollen siguiendo el argumento y que refuerzan esa sensación de no pertenencia y de desarraigo, en algún momento ocupan un plano algo reiterativo. Por otro lado, esto también ayuda a que podamos entender la tensión y opresión que siente la pareja y, en cualquier caso, las interpretaciones de Balaguer y Escobar lo integran de un modo remarcable.

Finalmente, que piezas como Si tinguéssim més coca et demostraria com t’estimo salgan de su circuito original y traspasen fronteras apenas dos años después de su estreno es un muy buen síntoma. El punto de vista de O’Donovan resulta totalmente inclusivo y normaliza de modo muy revelador una serie de características de sus personajes como condicionantes de su situación dentro de la obra dramática. Siempre teniendo en cuenta el conflicto a partir de una aproximación geográfica humana y manejando las unidades dramáticas de acción, lugar y tiempo con soltura y acierto. Algo que han mantenido Díaz y Beltran (y por supuesto Balaguer y Escobar) en su sensible y adecuada puesta en escena.

Crítica realizada por Fernando Solla

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