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10.05.2018 Críticas  
La ruleta del amor

Tras un exitoso paso por el Teatro de la Abadía, 24h en la vida de una mujer llega al histórico Teatro Infanta Isabel esta pieza de teatro musical basado en una novela de Stefan Zweig. Silvia Marsó a la órdenes de Ignacio García, protagoniza esta tragedia de pasión y juego.

Una mujer en su cénit nos narra un episodio de su vida que fue crucial, y cuyas consecuencias ha arrastrado hasta ese día. Un casino de Montecarlo es el esceanrio en el que Silvia Marsó se encaprocha de Felipe Ansola ante los ojos narradores de Gonzalo Trujillo. La historia de pasión acaecida en un solo día con el joven diplomático polaco, atormenta la existencia de esta viuda inglesa que se deja arrastrar por la compasión y el afán protector, en una carrera contrareloj con fatal desenlace.

Una ensoñadora ambientación escenográfica recibe al público: cortinas blancas, un piano y una breve sección de cuerda en directo. Unos escalones a ninguna parte y una decadente pared que será testigo del descenso a los infiernos y el bajo estrato de los jugadores obsesivos de ruleta del casino. Un entorno de lujo que enmascara la miseria de la adicción y la ambición desaforada.

Silvia Marsó pone el talento y el capital de este ambicioso montaje de pobre resultado. Loable es el esfuerzo por innovar en la escena patrio con un teatro poco cultivado y trabajado como el musical, donde solo unos pocos triunfan, no ya por la valía del capital humano sino del potencial mediático que le arrope. Es curioso que todo aquello que se programe en la Gran Vía sea susceptible de una larga vida a pesar del mediocre nivel medio, y que proyectos con gran interés, atractivo elenco y toneladas de ilusión y valía, tenga una tibia acogida. Está demostrado que un despliegue LED atrae a la audiencia cual urracas en busca de algo brillante.

24h en la vida de una mujer será una rara avis en la cartelera, pero le falta potencia al resultado. El relato de una señora inglesa aburrida, sobre un fugaz escarceo con un jovenzuelo polaco, por el que se plantea abandonar a su familia tras su paso por el catre de un discreto hotel de habiatciones por horas, no es lo suficientemente interesante, relevante, u ofrecido de una manera tan atractiva como para que los 90 minutos sean disfrutables.

La Marsó se ha labrado una mediática carrera con discreta presencia escénica, y en este proyecto su «tirón» no es suficiente. Silvia entona, Silvia sonríe, y Silvia logra ser esa viuda necesitada de un buen meneo, pero por el momento, este no es el proyecto que la catapulte a la galería de grandes damas del musical patrio.

Su partenaire, Felipe Ansola, canta, eso es obvio, pero su interpretación es confusa e inverosimil. En cambio Gonzalo Trujillo es un imán para el espectador, y no será por el excesivo brillo de sus pantalones, sino porque su camaleónica y constante presencia, al igual que el ensemble musical, nos hace buscarle e intentar adivinar qué personaje interpretará en ese momento, supliendo su carencia vocal, con un atractivo carisma.

Casi formando parte de la maldición teatral que persiguió a Zweig en vida, 24h en la vida de una mujer no es un hito remarcable en la escena, mas por la osadía de estrenar algo tan “off” como este musical, que en un entorno más reducido, ganaría en magia e intimidad, pero que en este marco, reverbera y chirría en este monumental teatro que les alberga.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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