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30.12.2017 Críticas  
Amor y dramaturgia, ¿realidad o ficción?

La Canina se instala en el Àtic22 del Teatre Tantarantana para ofrecernos un espectáculo que nos invita a indagar y perdernos junto a los intérpretes y protagonistas. 94 Minuts es un ejercicio de y sobre la creación escénica y su capacidad para plasmar una historia de amor perfecta.

La propuesta es interesante en su planteamiento y todavía más en su desarrollo e (in)conclusión. De algún modo parece como si la directora y dramaturga Sílvia Navarro se hubiera apuntado al ejercicio junto a los intérpretes y se hubiese convertido a sí misma y al proceso creativo de la pieza en protagonistas de la misma. Que esto se perciba así es un gran éxito para todos los implicados, ya que la tesis planteada se cumple en gran parte. Es decir, quizá no obtengamos (o sí) respuesta a si se puede crear artificialmente el amor, pero lo que sí que se consigue y con creces es transformar todo el proceso, inquietudes, incertidumbres y motivaciones de los implicados en una dramaturgia coherente y cohesionada.

La presencia de Navarro como diseñadora y técnica de sonido no deja de ser un hallazgo. De algún modo, crea/ejecuta la banda sonora para que los personajes se muestren y expliquen antes nuestros ojos. Desarrollándose en primera y tercera persona, esta combinación consigue que la escucha e implicación de los asistentes sea totalmente activa desde el principio. En este sentido, la interpretación de Anna Carreño y Adrià Diaz se podría valorar desde dos vertientes, la objetiva y la subjetiva. Es decir, como objeto estudiado y como sujeto que se estudia a sí mismo y al prójimo. Su compenetración resulta imprescindible para el éxito de la propuesta, así como su acercamiento al público. Los dos saben cómo escenificar esa mezcolanza entre intérprete y personaje real, evocado e imaginado con la versatilidad, espontaneidad e intensidad necesaria en cada momento.

El trabajo de Tània Gumbau termina de vestir la propuesta. La escenografía, vestuario e iluminación siguen en esa misma vertiente hiperrealista. Sin grandes artimañas se crea el ambiente idóneo y se aprovecha la identidad del espacio escénico de un modo excelente. Un espacio que recoge muy bien la dicotomía entre laboratorio y centro de exhibición y que todos los implicados aprovechan a las mil maravillas.

Algo muy interesante en esta propuesta es que, a pesar de enumerar explícitamente algunas fuentes de inspiración, consigue desarrollarse a través de un modo concreto y específico, fuertemente arraigado a la propia naturaleza e identidad personal y artística de todos los implicados. En este terreno, el trabajo de Navarro demuestra el esfuerzo y los altibajos del proceso creativo incluyéndolos en la representación con soltura y honestidad a partes iguales.

Finalmente, 94 Minuts rompe varias lanzas a favor de la profundización y convivencia de formatos y contenidos en una misma, única e imprescindible línea narrativa. Lo mismo sucede con la figura, en presencia y esencia, de intérpretes/personajes y autora/directora/dramaturga. Una propuesta que se inscribe en una línea de investigación y desarrollo que incluye tanto al proceso creativo como al contenido. Con unos resultados muy superiores a la anécdota, realmente consigue su cometido a la vez que nos persuade y capta nuestra atención, entroncando tanto con nuestra vertiente intelectual como con la sentimental.

Crítica realizada por Fernando Solla

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