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03.10.2016 Teatro  
Cuando el grito no es suficiente

La semana pasada acudimos a disfrutrar de una obra diferente. Alguien se embarcaba en el difícil proceso de crear una obra de teatro basada en la oscuridad. LA LUZ MÁS OSCURA prometía tensión, miedo y remover al público; pero no fue así. ¿Eran nuestras expectativas demasiado altas?

LA LUZ MÁS OSCURA es la nueva obra de teatro que se representa en la sala Pepe Rubianes del Club Capitol de Barcelona. La obra, la cual canceló todas sus funciones en su primera semana por inconvenientes técnicos, prometía asustarnos con un guión del cual no dejaban ver demasiado. Los problemas técnicos nos hacían presaguiar un espectáculo donde los efectos especiales estuvieran muy presentes. Estando en la época que estamos, y tras haber estado en otros espectáculos de terror de muy alto nivel, esperábamos que la obra fuera, como mínimo, arriesgada. Con unos efectos especiales que os hicieran sentir incómodos en nuestros asientos.

Lamentablemente, la obra carece de efectos especiales que le darían más dramatismo. La sangre, presente por guión, está presente en el escenario a un nivel muy bajo y te deja frío en momentos como el de la bañera. Ahí esperábamos ver un brillo de color rubí pero este brilló por su ausencia. Aun así, el director y el iluminador de escena presentan de una forma fantástica este cuadro que se convierte en el momento cúspide de la obra. La creación del espacio escénico es minimalista y fantástica. La conjunción de su uso, la iluminación y el movimiento de la actriz sobre él hace que sea lo más celebrado de la escasa hora que dura la obra.

Por otra parte, la obra es un conjunto de sinsabores. El guión de la obra es insustancial. Una pareja de novios llega a un teatro abandonado para realizar una sesión de ouija para contactar con los espíritus que murieron allí años atrás. Entre ellos, encontraremos los espíritus de dos hermanas cuyo hilo conductor es el hilo de la ouija en su niñez. Un juego inocente que se convierte en algo más con el tiempo. Aun así, los actores tratan de defender sus escenas como más bien pueden. Un aplauso a ellos quienes ante la dificultad de un guión flojo, intentan hacer crecer la obra.

La falta de efectos especiales en este tipo de espectáculo es significativa, dado que, como indicábamos, brillan por su ausencia. Menos en el aspecto del humo para crear ambiente en la sala. Su exceso dificultaba la imagen de la sala y del escenario, creando una sensación interesante de inseguridad mientras juegan la obra en ambos niveles escénicos.

Por último, caba destacar que cuando un show debe dar miedo, debe darlo. No debe crearlo con su forma más sencilla; el grito inesperado. Un recurso sencillo que asusta en el momento, pero que no crea la tensión necesaria para que llegues a casa y tengas la necesidad de encender todas las luces.

LA LUZ MÁS OSCURA es una buena idea, pero le falta riesgo y acción.

Crítica realizada por Norman Marsà

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