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28.07.2016 Críticas  
Reconfigurando nuestra capacidad de imaginar la realidad

La última propuesta de Llàtzer Garcia se sirve del imaginario de tres de los autores más reconocidos en el terreno de la ciencia ficción para evocar su colaboración en lo que recordamos como “La dimensió desconeguda”. La Sala Flyhard se convierte en un espacio de visita inexcusable para comprender cómo debe ser la traslación ideal del género al formato teatral.

Muchas sorpresas nos depara L’ÚLTIMA NIT DEL MÓN. Ninguna gratuita y todas adecuadas a la entidad sustancial de la física convertida en teatro. La relevancia del conjunto es apabullante. A través de las historias de ficción entrelazadas, la defensa del humanismo que se desprende de la representación desmonta nuestra idea acomodada de propiedades científicas como el comportamiento de la materia (humana) y el desplazamiento de la energía, el tiempo y el espacio (físico y mental).

El dramaturgo nunca se mostrará dogmático y siempre destilará todas las premisas e ideas a través de la(s) ficción(es) argumental(es). Una propuesta magnificada tantas veces como la imaginación de cada espectador propulse. La reflexión sobre la realidad diaria, así como la interacción de los individuos en sociedad. La elección de la figura del narrador (además de homenajear a los célebres autores) resulta todo un acierto que merece la pena descubrir. Sin caer en el spoiler nos aventuramos a afirmar que la experiencia empieza en taquilla. Genial forma de plantear la propuesta, convirtiendo el espacio escénico en símil de la consciencia de todos los allí reunidos. La ilusión de la posibilidad infinita.

La desaparición dentro de un sueño. Su argamasa con la realidad tangible. Historias cruzadas que se mezclan o no y a partir de las que Llàtzer no sólo rinde homenaje sino que enriquece a los incunables con toda su sabiduría dramatúrgica. No se trata sólo de recordar u honrar a unos referentes sino que se continúa con su trabajo en el aquí y ahora teatral y social. Las interpretaciones, excepcionales. Las cinco. Xavi Gardés nos lleva de la mano durante toda la función. Ya desde la primera escena, Xavi Sáez nos emociona en lo que convierte en una de las grandes composiciones de la temporada. Lo mismo sucede durante la representación con Edu Buch, Maria Casellas y Vanessa Segura. El contraste con la fantasía de algunas situaciones sucede gracias a la espontaneidad y el hiperrealismo (imprescindibles para el éxito de la propuesta) de la compañía.

La escenografía de Elisenda Pérez viste de blanco la mayoría del espacio y la utilería. Especialísimo modo de dimensionar la propuesta con esos contornos geométricos de todos los objetos que contrastan con el vacío (o blanco) de su interior. Blanco ¿la nada o la posibilidad de todas las eventualidades? El espacio sonoro es de un detallismo insólito y acertadísimo así como el diseño de iluminación (también de Gardés). Tenemos la sensación, gracias a todos estos detalles, de encontrarnos ante una producción de enjundia. Más allá del género, lo que parece ciencia ficción es que lo que experimentamos y sentimos aquí suceda (o más bien al contrario) en otros recintos y propuestas que prometen mucho más de lo que ofrecen. Gran uso de la técnica a favor del resultado final del texto.

L’ÚLTIMA NIT DEL MÓN emociona sobremanera gracias al establecimiento de algo muy cercano al consenso sobre cómo representar la ciencia ficción sobre las tablas. El secreto lo desvelan Llàtzer Garcia y este excelente reparto en cada función. La espectacularidad es estrictamente proporcional al talento de este grupo de artistas para despertar la capacidad figurativa de la imaginación del espectador y extrapolarla hasta llegar a la inmensidad absoluta de la abstracción mental. Gracias a ellos alcanzamos “ése” momento inconmensurable en el que todo es posible, cuando más nos acerquemos a la manifestación de nuestra analogía y, de este modo, mostremos la extraversión con la del prójimo.

Finalmente, y como algo que florece durante la función, tras el último cuadro en el que los actores se reparten en dos parejas para acabar interactuando en escena, llegaremos a su mismo planteamiento: ¿qué nos espera fuera? Dentro de la sala todo es posible. En el exterior, dependerá de cada uno de nosotros. Llàtzer Garcia nos facilita el qué y el porqué. De cada espectador dependerá el cómo y el cuándo reconfigurar su capacidad de imaginar la realidad (o realizar su capacidad de imaginar).

Crítica realizada por Fernando Solla

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