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11.07.2016 Críticas  
Más hipócritas que brujas

En plena era McCarthy, el guionista y dramaturgo Arthur Miller escribió la obra ‘The Crucible’ (que aquí se llegaría a conocer como ‘Las Brujas de Salem’) basándose en unos hechos reales ocurridos en el siglo XVII y que utilizó como alegoría de la caza de brujas que el senador americano llevó a cabo durante la guerra fría contra simpatizantes o sospechosos de apoyar el comunismo.

La historia transcurre en 1692 en Salem, pueblo de Massachussets, donde unas crías son descubiertas bailando desnudas en el bosque. Betty, una de las jóvenes e hija del Reverendo Parris que es el que las ha descubierto, ha entrado en estado de shock para unos, mientras que para otros ha sido poseída por el maligno. Para salir impunes del castigo que se les debería inflingir y de esas sospechas que recaen sobre ellas, comienzan a tramar un ardid, movido por el pánico, la histeria y la venganza, hasta el punto de conseguir que decenas de personas del pueblo sean arrestadas, encerradas, y muchas de ellas ejecutadas, acusadas de brujería.

Andrés Lima ha vuelto a llevar a escena esta conocida pieza que tantas veces se ha representado. El elenco de lujo con el que ha contado y un montaje un tanto personal, hacen especial esta obra. En LES BRUIXES DE SALEM de Lima, los personajes salen de escena, pero sin que esta quede interrumpida, para narrar al público los sucesos ocurridos y darnos detalles de lo que este acontecimiento significó para aquella pequeña comunidad rural de la América profunda. Y ciertos detalles adicionales, como el diseño sonoro (donde en ocasiones se usan composiciones que bien podrían ser actuales) o la ralentización de escenas en ciertos momentos, hacen de esta adaptación una obra digna de ser la que abra el Festival del Grec este año en Barcelona.

Con un elenco para gran formato que comprende 15 actores, en ocasiones es difícil decir con total convencimiento que todos ellos han trabajado de forma soberbia sus interpretaciones, cosa que sí se puede decir con la voz bien alta de LES BRUIXES DE SALEM. Quiero aún y así destacar el trabajo de Borja Espinosa en el papel de Proctor (que es con quien Miller más se sentía identificado como víctima del Macarthismo), personaje que tiene que pasar por muchos y diversos estados de ánimo y que todos son genialmente interpretados. Otras de las geniales actuaciones están a cargo de Anna Moliner, en el papel de Mary Warren, la histriónica criada de Proctor, así como el de Yolanda Sey interpretando a la esclava afroamericana Tituba. Y finalmente, Lluís Homar, como el Juez Hathorne, donde una vez más nos demuestra sus tablas como actor de teatro, aparte de las ya conocidas en el celuloide. El resto de actores, como digo, están igualmente a la altura, sin peros de ningún tipo. Y eso, como decía, en un reparto tan amplio, es totalmente de agradecer.

LES BRUIXES DE SALEM (coproducida por el Grec 2016, el Teatre Romea y el Centro Dramático Nacional) seguirá haciendo bolos por España y estoy segura de que va a ser una obra que va a seguir cosechando el mismo merecido éxito que ha obtenido durante el Festival barcelonés. Las cazas de brujas existieron, existen y seguirán existiendo mientras el hombre siga abusando del poder para mantener el control. Y por lo tanto, han habido, hay y seguirán habiendo obras como esta que continúen denunciándolo en público, a pesar de los pesares. Si tienen la oportunidad de verla, no se lo piensen. Compren la entrada. Lo único que les quedará por pensar, tras su visionado, es si algún día terminarán los problemas raíces que se esconden detrás de la obra que habrán acabado de disfrutar.

Crítica realizada por Diana Limones

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