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15.06.2016 Críticas  
El zarandeo del género chico

Ha sido el espectáculo de la polémica, de los abucheos, colas para poner reclamaciones. Un montaje transigente, con aire fresco. A la Zarzuela y a su teatro le han abierto las costuras y ha entrado como un vendaval un montaje que debería recordarse por su calidad e ingenio, y no por las airadas reacciones de una parte del público “purista”.

Reconozcámoslo, la Zarzuela, a pesar de ser un género muy nuestro, se ha quedado en el olvido, poco público joven y no entendido se acerca al género chico. Que Miguel del Arco haya decidido poner en pie una Zarzuela es de un atrevimiento sublime, pero que además se atreva a poner a Paco León de protagonista, ya no es atrevimiento, es insolencia. Y claro, parece que la Zarzuela no admitía esos cambios. No señores, la Zarzuela, como cualquier género admite cambios, vueltas de tuerca, saltos mortales y lo que haga falta. Que un teatro de casi mil espectadores se haya llenado representación tras representación, que la gran mayoría del público saliera entusiasmado es muestra que el lavado de cara le ha venido bien al género.

Polémicas aparte, centrémonos en ¡CÓMO ESTÁ MADRIZ!. Miguel del Arco ha remezclado dos zarzuelas célebres, a saber, “La Gran Vía” y “El Año pasado por agua”, con música de los maestros Chueca y Valverde. Ha utilizado música y canciones de estas centenarias creaciones y ha creado un viaje mágico, una fábula divertida, un imaginario onírico que funciona con certeza, que divierte y emociona.

Ha puesto el director a Paco León como protagonista de este sueño. Un vecino de la Plaza Mayor que no puede conciliar el sueño ante la sucesión de actos, fiestas y borracheras que suceden bajo su ventana. Cuando finalmente el sueño hace mella, se ve inmerso en el Madrid del Siglo XIX, los personajes son las calles de Madrid, fantástica recreación de la Calle Pez, Libertad, Ancha, Mayor etc… Los personajes andan revueltos ante el anuncio por parte de la municipalidad de la creación de una gran avenida, una gran vía. Grandes dudas sobre lo conveniente de la faraónica obra, el presupuesto, los daños colaterales para otras calles. Todo eso sale a relucir y aprovechando la presencia de Paco, un vecino del futuro, el interrogatorio se impone, y ahí nuestro protagonista intenta contarles o no lo que les depara el futuro.

No solo las calles de Madrid cobran vida en el sueño, aparecen personajes tales como la Transparencia, la Opinión Pública, la Justicia, la Virtud. Y ahí aparece la sátira más mordaz, la que más ampollas levanta. El número de “La Jota de las Ratas” con imágenes de conocidos corruptos proyectadas es de una actualidad innegable. La Virtud entrando en escena con un look más que familiar y al ritmo de la Marcha Imperial del Lado Oscuro de Star Wars es de una genialidad absoluta.

Hay momentos para la emoción también. La conversación de Paco con Antonio Machado, Pío Baroja y Valle-Inclán es perfectamente trasladable a cualquier tertulia política de la actualidad. Y la despedida de Paco a Machado pidiéndole que se lleve al desconocido García Lorca a Francia, encoge el corazón.

Cerca del final del primer acto está uno de los homenajes más bonitos a Madrid que yo recuerdo. Nuestro protagonista, harto de los ataques que sufre la ciudad, estalla y recita las bondades de la ciudad. No hace falta ser un enamorado de la ciudad para darse cuenta de que ¡CÓMO ESTÁ MADRIZ!, esconde un homenaje disfrazado de sueño y de comedia.

La escenografía en apariencia sencilla, jugando con pantallas y acertadas proyecciones que dan realismo a las múltiples escenas. Iluminación de lujo y una orquesta que suena de maravilla. Y un elenco que es conocedor de la importancia de lo que está entre sus manos y que desparraman arte y emoción en las tablas del fantástico Teatro de la Zarzuela.

El elenco suena nítido, cantantes líricos que merecen la ovación, y luego está Paco León. Una verdadera maquina escénica, imposible no quitarle ojo. Su facilidad para llevarnos a ese viaje es pasmosa. Su arte para la comedia es innegable, pero verlo en escena produce una sensación que sorprende. Está en escena casi la totalidad del montaje, y eso es mucho, en una representación que sobrepasa las dos horas y media. Y está en escena en pijama y zapatillas de pollito feliz. El arte de este hombre va más allá de lo que mis palabras puedan expresar.

Esta Zarzuela es una fiesta, un puro divertimento, una carga de profundidad que recorre el patio de butacas y los palcos desde el foso de la orquesta, una explosión que ofende a pocos y agrada a muchos. Es cierto que no se han respetado los cánones del género, que hemos puesto a un protagonista que encima no canta, que nos reímos de la clase política, que hay referencias directas a muchas y muchos. Pero, ¿No es eso el teatro? ¿No es eso el espectáculo? ¿No es eso el arte? ¿No es eso la base la comedia? Si alguien no es capaz de ver la realidad pasada por el caleidoscopio del teatro que se quede en casa viendo las imágenes del tubo catódico.

Apreciado Miguel del Arco. Querido Paco León. Admirado elenco. Estimado José María Moreno. Genial Juanjo Llorens. Todos los que de alguna manera han estado implicados en la creación este sueño. Gracias por hacernos soñar, gracias por hacernos vibrar y por dejarnos ese buen sabor de boca. Ojalá se reponga esta maravilla y muchos más espectadores puedan acercarse a soñar. Esto es teatro, esto es ¡CÓMO ESTÁ MADRIZ!.

Crítica realizada por Moises C. Alabau

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