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06.02.2016 Críticas  
FUSELLS, manchando las manos de sangre

Teresa Carrar se niega a que sus hermanos marchen al frente de Almería, durante la Guerra Civil Española, repitiendo una y otra vez no quiere que nadie de su familia se manche las manos de sangre.

En la adaptación de una de las obras menores de Bertold Brecht (“Los Fusiles de la madre Carrar”) que podemos ver en el Teatre Almeria a partir del 3 de Febrero, la compañía Descartable Teatre no solo se mancha las manos de sangre sino que el espectador tiene que cerrar la boca para que no le salga la suya propia a causa de la angustia generada.

Teresa, en esta (buena) adaptación, ya no es madre, es hermana mayor y la responsabilidad como tal hacia sus hermanos menores da un aire de protección superior al que se mostraría si se respetara el rol de progenitora de la obra original. Aunque ella no los haya parido, le duele igual o más.

En el momento más duro del avance Nacional por tierras Andaluzas, cuando el bando Republicano más armas y carnaza (sí, carnaza) necesita para hacer frente al enemigo, Teresa nada a contracorriente impidiendo que sus hermanos menores se conviertan en carne de cañón. Pese a ser ferviente republicana (lo demuestra cantando “El paso del Ebro”, más conocida como “¡Ay, Carmela!”, a pleno pulmón) prefiere evitarse más dolor y sufrimiento pues en su foro interno cree lo que dice la radio Nacional: que quién se rinda o no participe en la guerra no sufrirá daño alguno. Según ella, los pobres, como su familia, no deben inmiscuirse en conflictos mayores que los que ya tienen para poder sobrevivir en el duro día a día de su amarga existencia. La verdad es otra bien diferente, no quiere perder al resto de sus allegados porqué se siente culpable de, en cierto modo, haber alentado a su padre a combatir y de la muerte de éste en Oviedo; y de no haber ayudado a una buena amiga, ya desaparecida. No quiere que los suyos se manchen las manos de sangre porqué ella ya las tiene demasiado manchadas. Sus planes se trastocan con la llegada de un primo, Pedro, venido directamente del frente con el objetivo de recoger todas las armas que tengan los vecinos para poder luchar, aunque solo sea un día más y, de paso, echarle en cara que si no está con un bando está con el otro. Mientras Teresa se debate entre el amor a sus hermanos, su religiosidad y sus responsabilidades patrióticas el cielo se nubla del humo de los bombardeos de la aviación italiana y alemana. Josep, el pequeño, quiere ir a combatir con su primo y Joan, el mediano, está pescando para sacar algo de alimento ya que solo les queda un puñado de harina con el que hacer una holgaza de pan. El candil que ilumina la barca de éste último estará presente, como un espíritu silencioso, durante toda la representación. No explicaré más del argumento, solo con leer el tríptico publicitario ya te la cuentan entera. Muchas gracias por la discreción, pero esos detalles habría que cuidarlos un poco más.

Lo sorprendente de FUSELLS es la juventud de los actores. No os dejéis llevar por la edad; son jóvenes sí, pero como decía el spot de televisión de los años 90, sobradamente preparados. Cristina Arenas en su papel protagónico (como vértice sobre el que se crean todas las tramas y pivotan los personajes) está como mínimo, inmensa. Su actuación es de las que deberían enseñar a los estudiantes de las escuelas de teatro de aquí a Berlín y vuelta por el otro lado del globo. Con una mirada o un pequeño gesto es capaz de mostrar el padecimiento, la amargura y la tortura que siente su corazón por las delicadas decisiones que va tomando para proteger a los suyos. Por el contrario, también se muestra estoica, paciente y entera cuando el momento lo precisa. Y eso que era el día del estreno, no quiero saber como trabajará cuando la obra esté completamente rodada y engrasada. Un descubrimiento absoluto.

El resto del elenco le va a la zaga: Jaume Madaula, como Pedro, resuelve holgadamente la papeleta de encarnar a un personaje que está en la frontera del bien y el mal; que poco le falta para caer en desgracia si la interpretación pasa esa línea imaginaria que convierte a alguien simpático en alguien odioso. Delicioso su interrogatorio al Mossén, donde consigue que éste último reconozca que prefiere la victoria del bando franquista por su mejor trato hacia el “gremio” clerical. Al fin y al cabo todos velan por sus intereses. Quim Àvila, como el pequeño Josep, que parece tener menos edad de la que asegura su personaje (19 años), es nervioso, se emociona con facilidad (o como lo llaman ahora, “venirse arriba”), es respondón y quiere demostrar que es mayor de lo que su comportamiento muestra. Una interpretación deliciosa. De Jordi Llovet y Georgina Latre, poco más se puede decir que no sea un trabajo creíble y más que solvente, dado el poco tiempo en escena del que disponen los quatro personajes que interpretan entre ambos.

La gran pega que podría ponerle a FUSELLS no viene ni de la escenografía, ni mucho menos de los actores o del libreto original (aunque los finales de las obras de un solo acto suelan ser precipitados); viene del apartado sonoro y musical. En mi opinión, he echado en falta que el sonido proveniente de los aviones y los bombardeos fuera más alto y claro, creo que haría la experiencia más inmersiva. Por último, la obra comienza con la canción “Gallo rojo” (cantada por Elena Gadel, ¡qué voz!; con percusión de Toni Pagés), un tema antifascista que habla sobre la batalla de dos gallos; uno grande y negro y otro rojo y valiente. Queda bien claro quién es quién, pero la historia no la escriben los valientes sino los, por desgracia, vencedores. Lo chirriante es el tema final, en inglés y anacrónico. Otra elección habría cerrado mejor la obra.

En definitiva, que a nadie le tire para atrás que el libreto original sea de Bertold Brecht, la obra es profunda pero no densa, y altamente recomendable para cualquier persona con interés en la historia o, sobretodo, en el alma del ser humano.

Crítica realizada por Manel Sánchez

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