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17.12.2015 Críticas  
CINC, el musical de musicales

El viernes asistí al estreno del musical CINC. La información previa era breve y no tenía muy claro qué tipo de espectáculo me encontraría. Una vez sentada, la música en vivo de la guitarra (Adri Mena) y la percusión (Berenguer Aina) abrían un show con un escenario completamente blanco y ningún tipo de decorado, algo contemporáneo y minimalista nos esperaba.

El resultado era un recorrido musical con una gran variedad de texturas y colores en un incierto orden cronológico. El propósito era explicar una historia construida con fragmentos de musicales y sin apenas diálogo. Todos los temas habían sido traducidos al catalán, cosa que no me acaba de convencer por varias cuestiones linguísticas y sin ir más lejos por la pérdida del mensaje original al subordinar las palabras al ritmo. Algunos de los temas habían sido recuperados de otro espectáculo, “Nit de musicals” (Grec 2015) y otros habían sido traducidos expresamente.

El argumento era tan simple que se sostenía con pinzas. El objetivo de este espectáculo no podía ser otro que disfrutar de las voces de Marc Flynn, Jan Forrellat, Laura Daza, Sylvia Parejo y Judith Tobella, un grupo de amigos que disfrutan de sus agudos y comparten timbres similares. Digo que se sostenía con pinzas porque apenas había un hilo conductor ni una historia contada ni un orden de sucesos. Los intérpretes, con cada uno de sus fragmentos, intentaron representar la situación de un grupo de cantantes que se presentan a un cásting y todos desean el papel. Más allá de eso, el espectáculo se había vuelto plano, sin mensaje ni entretenimiento. Con algún romance de por medio y con el leitmotiv del pitido de sus móviles.

CINC había construido un repertorio de versiones de musicales que cuando están a punto de alcanzar el punto más álgido de la melodía se desploman y te dejaban con las ganas.

Crear un pequeño musical es un proyecto difícil de levantar a pesar de la cantidad de fieles a los musicales que se encuentran en esta ciudad. Para ello tiene que haber a parte de muchas horas de ensayo y dedicación, una pizca de originalidad y el arte de cautivar al público haciéndole vibrar hasta el punto de querer ponerse uno mismo a cantar. Este ha sido por lo tanto un espectáculo de pequeño formato rico en calidad musical e ilusión al que le ha faltado la vibración del público.

Crítica realizada por Milena Vazquez

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