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07.12.2015 Críticas  
ANTÍGONA, o como educar en lo atemporal

Esta adaptación, extremadamente libre de un clásico que parece estar tan al día, nos trae a un Creonte femenino que da un matiz y frescura nuevo de la mano de Carmen Machi, en la que todos podemos ver un poquito de nuestras madres, siempre en ese limbo entre el amor fiero y la necesidad de poner límites.

La obra muestra la lucha de una madre que es de todo un pueblo, de una Tebas post-guerra que sangra y sufre, y de una hermana, ANTÍGONA, que no puede soportar la idea de que su hermano quede insepulto y desafía las leyes con la frente muy alta. No hay manera de negar la razón de las dos. No hay manera de disculpar a ninguna.

Creonte se encuentra en la agonía de mantener a salvo a todo un pueblo con decisiones cada vez más equivocadas y ANTÍGONA e Ismene la de no poder aceptar la condena, recordemos que permanecer insepulto era una condena eterna en Grecia, que a su hermano.

Carmen Machi llena el espacio con sus gestos y su voz, y es imposible no sufrir y llorar con ella. Esta maravillosa Creonte encuentra su réplica en ANTÍGONA (Manuela Paso) quien se alza en el escenario como la enorme actriz que es, clamando a los dioses por su familia, una familia incestuosa, loca y asesina, pero sangre de su sangre a pesar de todo.

Incluso el coro brilla como un personaje conjunto y enorme que susurra o grita los pensamientos de un narrador que profetiza a golpe de poesia el destino de los personajes atrapados en sus propios intereses y sentimientos.

Con una escenografía abrumadora y oscura, y un sonido que refleja el agobio de un gobierno que se empeña en tomar todas las decisiones equivocadas por el bien común, esta obra es, sin lugar a dudas, un espectáculo que todos deberíamos ver como parte de una educación completa, una clase magistral sobre cómo los seres humanos seguimos enfrentados a nuestra razón y sentimientos sea la época que sea.

Crítica realizada por Ariadna Ortega

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