novedades
 SEARCH   
 
 

05.11.2015 Críticas  
EL EUNUCO, teatro clásico y comedia de enredo jugando al musical

En 2014, Pep Antón Gómez y Jordi Sánchez reelaboraron una comedia romana, EL EUNUCO, con vistas a estrenarla en el 60º Festival de Teatro Clásico de Mérida. Dirigida por Gómez, fue uno de los grandes éxitos de la temporada e inició una gira que sigue aún rodando por España y que ha recalado estos días por primera vez en Cataluña, en el Teatro Auditorio de Granollers.

Del “Eunuchus” de Terencio quedan los rasgos principales del argumento y sus personajes: una cortesana griega, Tais, se debate entre dos pretendientes, el joven sin blanca Fedrias (Antonio Pagudo) y un rico y cobarde militar que aquí rebautizan Fanfa (Pepón Nieto). El hermano del primero (Alejo Sauras) se hace pasar por castrado para introducirse en el lupanar y cortejar a Pánfila (María Ordóñez), la esclava que el segundo le ha regalado a Tais.

Terencio abrió su obra con una defensa contra las acusaciones de plagio que había recibido. Gómez y Sánchez lo han adaptado jugando precisamente con el concepto clásico de plagio y originalidad, mezclando elementos de otras obras, de otros autores y, por supuesto, propias. Tais no es ya una joven cortesana sino una veterana en el otoño de su carrera, interpretada espléndidamente por una Anabel Alonso que a ratos parece canalizar a Loles León. Lindus, hermano de Fedrias (Alejo Sauras), no sólo no logra violar a Pánfila, como en el original, sino que casi es violado por ella (y por Fanfa). Y los “cantica” escritos por el autor latino, interpretados en su época por docenas de artistas, se convierten aquí en ocho canciones compuestas por Asier Etxeandia y Tao Gutiérrez, que firma las letras junto a Pep Antón Gómez.

Sí, amigos: EL EUNUCO es un musical. O juega a serlo, ya que la primera canción tarda casi media hora en sonar. Igual que se mete ampliamente en el terreno de la comedia de enredo e incluso por momentos en el vodevil.

Para entender bien lo que propone este espectáculo, hay que pensar en el “Golfus de Roma” de Sondheim, pero alterando las proporciones. Si aquel es un musical sobre las comedias romanas del “miles gloriosus”, con dosis de enredo, y una visión de los años 60, esto es una comedia romana de enredo con dosis de musical, y toques del siglo XXI. Las canciones no acaban de estar tan milimetradas, en la estructura de la obra, como en una obra convencionalmente concebida como “teatro musical”. Algunas suenan porque sí y sin que las pida el momento, o sin una presentación demasiado lucida; y otras, en cambio, son la sal de la vida para el espectáculo: especialmente el “Pobre corazón” de Jordi Vidal y el “Siento Amor” que entona junto a Pepón Nieto, las dos estrellas de la función, validan por sí mismas que este espectáculo no sea sólo hablado. También el “Ya no puedo con los hombres” con el que se arranca Anabel Alonso, e incluso una pieza más pequeña, pero impecablemente interpretada, como el rockero “Sin nadie de por medio” de María Ordóñez. Las coreografías ideadas por Chevi Muraday son funcionales y correctas, aunque quizás demasiado sencillas. No hay un cuerpo de baile, y se nota.

Como comedia, la obra funciona a todo tren, con personajes divertidos y más tridimensionales de lo que es la norma, e interpretaciones satisfactorias por doquier: desde el pánfilo de Fedrias a la cotorra de Pánfila, desde la sibilina Tais hasta el fiel Parmenón (que interpreta ahora Eduardo Mayo tras haberlo estrenado Jorge Calvo). El rico Cilindro de Toni Sans (originalmente Eduardo Mayo), es tal vez el personaje más desdibujado, quizás porque tarda en aparecer en escena y no se integra tan bien como el resto en buena parte de la obra, al menos hasta que se encuentra con su hermana perdida… Pánfila. Igualmente, el Fanfa de Pepón Nieto es la estrella indiscutida de la velada, y no en vano le ha ganado el premio Max al mejor actor de reparto.

Algunas de las secuencias de persecuciones se hacen aburridas y largas, dejando la idea de que son innecesarias: el cubo que en la primera parte de la obra juega un interesante e incluso mágico papel creando espacios sin añadir escenografía (un diseño de Eduardo Moreno), no es tan interesante cuando los personajes se pierden entre sus componentes. Probablemente combinaba mejor con la escenografía natural que tenía en Mérida.

¿Termina convenciendo? Sí: pese a sus imperfecciones, convence de que nos prestemos al enredo, de que nos dejemos llevar por lo que ya conocemos en una nueva combinación. Y, con tantos elementos: ¿qué es EL EUNUCO? Lo que acaba siendo esta obra, más allá de etiquetas, es divertida. Un juego: lo que pretendían, precisamente, sus (re)autores.

Crítica realizada por Marcos Muñoz

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES