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18.09.2015 Críticas  
Cuando Mack the Knife canta su balada en portugués

La celebrada versión de “La ópera de tres peniques” vuelve a representarse en Madrid por temporada limitada. Un montaje que recogió los elogios de la crítica y que nos lleva al Brasil de los años treinta, con un elenco que derrocha profesionalidad en todas sus vertientes.

No creo que el reputado dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht imaginara alguna vez que su obra maestra, a saber “La ópera de tres peniques” sería versionada y reubicada en los bajos fondos de Rio de Janeiro. Chico Buarque, excelente escritor y músico brasileño versionó con éxito la obra cumbre de Brecht y la transformó en LA ÓPERA DEL MALANDRO.

La primera duda que me asaltó era saber que era un malandro, una vez descubierto que un malandro es un bohemio entregado a los placeres, un delincuente de esos que caen bien, de esos que viven entre trapicheo y sobornos, una vez enterado de eso, me dispuse a disfrutar de una función que se ve con agrado y asombro.

La función se plantea como un musical con cuatro músicos y nueve actores, la calidad de todos ellos es innegable, sorprende el uso del portugués en las canciones, un uso más que acertado y que consigue llevarnos a un ambiente mágico cada vez que alguna de las canciones es interpretada. La calidad de los actores es sobresaliente, varios de ellos interpretando distintos papeles, con cambio de vestuario incluido. Todos ellos en escena durante casi toda la representación y generando una fluidez entre escena y escena que no interrumpe la progresión de la historia.

A pesar de que la trama principal es la conocida historia de Mack the Knife, llamado aquí como Max Overseas, y sus tratos ilegales con el jefe de la policía, así como su matrimonio con la hija del propietario de los burdeles del barrio de Lapa, en Rio de Janeiro, hay otra historia breve que tiene como protagonistas a la compañía y que queda poco clara, ya que solo se hace referencia a ella al principio y al final de la representación y que a mi parecer no aporta más que un poco de confusión en el espectador. La duración de casi más de dos horas sin intermedio puede provocar algún momento de pesadez, si bien se disipa rápidamente ya que la función está perfectamente engranada.

LA OPERA DEL MALANDRO se disfruta por la excelente calidad del reparto, por una historia que atrapa y por unas canciones que nos trasladan a un Rio de Janeiro de leyenda. Escuchar en directo esas canciones y ver la historia de ese malandro y su banda, esas prostitutas que se erigen en sindicalistas, ese jefe de policía corrupto, todo ese universo de personajes tan comunes y tan teatrales a la vez.

No se pierdan este viaje a un sórdido pero atractivo mundo, seamos Malandros por dos horas y decidamos que final le queremos dar.

Crítica realizada por Moises C. Alabau

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