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10.03.2015 Críticas  
Corrupción, intrigas y abusos de poder más actuales que nunca

Allá por el 1630, un joven Calderón de la Barca recreó las intrigas de la corte de Enrique VIII en la época de la reforma luterana con gran acierto. Considerada una obra menor de Calderón, esta CISMA DE INGLATERRA ha sido objeto de estudio y análisis por lo certero de su visión de la corrupción en los estamentos del poder pero pocas veces ha sido llevada a las tablas.

Desde hace unos días, en el Teatro Pavón de Madrid y durante unas semanas la Compañía Nacional de Teatro Clásico, se puede revisar esta interesante visión que pone en pie una historia que a pesar de estar ambientada allá por la Inglaterra del Siglo XVI, sus tramas son de rabiosa actualidad, a saber la corrupción, los abusos de poder y las intrigas para enriquecerse sin pudor alguno.

Gran acierto encargar el papel principal a un tremendo Sergio Peris Mencheta. Los registros de Sergio están llegando a cotas asombrosas. No podía quitarme de la cabeza, mientras le veía encarnando a Enrique VIII, que hace poco estaba interpretando otro papel protagonista en “Lluvia Constante” con una fuerza y brutalidad que dejaban al espectador exhausto. Si bien aquí el registro es distinto, la fuerza interpretativa de Sergio está para mí en este momento fuera de toda discusión. Su personaje coge un vuelo, una fuerza, que llega a emocionar ante el dilema al que tiene que hacer frente y ante ese arrepentimiento tardío reconociendo, como repite y repite el personaje: “¿Qué hice mal?”.

Las corruptelas de poder que se desarrollan en las tablas del Teatro Pavón son tan actuales que podrían estar en las portadas de cualquier periódico. Vemos las intrigas y las traiciones por conseguir poder. El Cardenal Volseo sin duda encarna los deseos mas egoístas y no duda en traicionar su credo si eso le puede llevar a conseguir lo que tanto ansía.

La música en directo y una escenografía sencilla pero llena de fuerza visual, consiguen que nos vayamos metiendo en una historia que poco a poco nos va cautivando.

Hay que agradecer la valentía de la Compañía Nacional de Teatro Clásico al atreverse a llevar a los escenarios una obra “menor” de Calderón. EL resultado es un montaje serio, respetuoso y con un gran poder interpretativo.

Al final, hay que repasar nuestras convicciones y determinar si creemos que aquellos a los que se les otorga el poder de gobernar deben hacerlo negándose a sus afanes y sentimientos o; por el contrario, es imposible que cualquiera con un poco de poder acabe corrompiéndose y cayendo en las tramas más oscuras con el único fin de satisfacer su pasiones o llenar sus bolsillos.

Lo que si deja claro esté excelente montaje es que los bajos instintos humanos han sido y serán nuestro pan de cada día. Desdichados humanos los que tienen poder cuando, tal y como le ocurre a este Enrique VIII, ve frente a sus ojos los efectos de la manipulación, corrupción y el engaño más ruin.

Crítica realizada por Moises C. Alabau

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