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24.11.2014 Críticas  
Imposible no sobrecogerse ante esa confesión

“La Portillo” deja sin palabras. Los sentimientos de un personaje místico consiguen enmudecer al público con una sobrecogedora interpretación que deja al espectador en estado de shock.

EnPlatea asiste en el teatro Valle Inclán al estreno de lo que es sin duda uno de los acontecimientos teatrales del año y constata el motivo de que ya no queden entradas para ninguna de las representaciones programadas.

Lo que ocurre en esa sala de teatro es de difícil de explicar y de complicada digestión. EL TESTAMENTO DE MARIA es un texto que requiere por parte del espectador el doble esfuerzo de olvidarse de cualquier concepto adquirido sobre la personalidad de un personaje tan universal como el de María, la madre de Jesús.

No resulta fácil en los primeros compases de la obra cuando María se nos presenta como un personaje malhumorado, con mucho carácter y que se enfrenta con su verdad y sus tormentos a un exilio forzoso en Éfeso.

A medida que esa mujer va relatando sus experiencias y sus vivencias cargándolas de los sentimientos propios de una madre que no acaba de comprender la transcendencia de los hechos que su hijo lleva a cabo, nos vamos poniendo en el lugar de esa mujer. Relatos como la resurrección de Lázaro, las bodas de Canaa, el martirio y ejecución de Jesús, cobran una dimensión desconocida para muchos cuando somos testigos de las emociones que solo puede vivir una madre.

Blanca Portillo, “La Portillo”, como ya se la llama entre los aficionados al teatro, consigue elevar este montaje a algo tan brutal que agota, electriza, golpea y desgarra al espectador. Pocas veces se consigue que una sala entera no parpadee ni se distraiga. Los presentes ni nos atrevíamos a movernos…

El espectáculo muestra una gestualidad cruda y real cuando en uno de sus momentos álgidos, María increpa al público. Llena de sangre, tras la ejecución de su hijo, se acerca a ellos interrogándolos con dureza. Un momento en el que el personaje traspasa la cuarta pared incomodando al público con su verdad… imposible no sobrecogerse ante esa confesión.

Mención aparte a la escenografía que recrea una casa de Éfeso pero que con gran sencillez y elegancia, llega a ser el Gólgota o el banquete de bodas donde Jesús transforma milagrosamente el agua en vino.

La dirección de Agustí Villaronga conocido por el gran público como el director de la conmovedora “Pa Negre”, es sutil y se nota su buen hacer a la hora de remover conciencias con temas delicados.

EL TESTAMENTO DE MARIA consigue llevar al espectador a lugares no imaginados, a un registro teatral pocas veces alcanzado. Una experiencia que deja poso durante días, bienaventurados los que tienen una entrada en su poder, déjense llevar y viajen a unas emociones que recordaran durante mucho tiempo.

Crítica realizada por @mcalabau

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