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13.05.2022 Críticas  
Carne mía, alegría mía, sentimiento mío

El Teatre Condal de Barcelona presenta, en 6 únicas funciones, la obra Lorca en Nueva York; un espectáculo interpretado por Alberto San Juan y La Banda que está basado en la vida y obra de Federico García Lorca. Un recitativo musical lleno de emociones actuales.

Federico García Lorca vivió en Nueva York desde junio de 1929 a febrero de 1930. Entonces viajó a Cuba, donde pasó tres meses, y, finalmente, regreso a España con los poemas del libro Poeta en Nueva York en la maleta. La excusa del viaje fue matricularse como estudiante de inglés en la Universidad de Columbia. Los motivos reales eran otros. Lorca se había convertido en un autor muy famoso en España tras la publicación del Romancero gitano, todo un éxito, y se le había atribuido un perfil casi folclórico del que él quería alejarse. Además, acababa de sufrir una ruptura dolorosa con un hombre con el que había vivido un amor intenso. En Nueva York hizo grandes amistades y recibió “la experiencia más útil de toda mi vida”. Conoció a “los negros”. Y conoció, en profundidad, el capitalismo. Fue testigo directo del “Crack del 29”, la mayor crisis del sistema previa a la que actualmente sufrimos desde hace ya más de una década. De su experiencia, nacen los poemas que forman el libro Poeta en Nueva York. A su vuelta a España, Lorca dio una conferencia recital en la Residencia de señoritas, en Madrid. Allí presentó su poemario y contó aquel viaje físico y espiritual.

El espectáculo que Alberto San Juan y La Banda nos presentan sobre las tablas del Condal es aquel encuentro de Lorca con el público en la Residencia de señoritas de Madrid donde, por primera vez, se escucharon esos poemas.

Sobre una caja escénica sobria y negra, bañada solo de luces rojas, la banda nos inicia en el tono que tomará la noche. Un tono bañando en el jazz más puro y sencillo para la escucha de una muy esperada conferencia. Tras pocos minutos, San Juan, como alma libre y canalla, hace su aparición en escena para deleitarnos con su voz rica en matices y su presencia segura y embelesadora. El actor nos adentrará rápidamente en el mundo de la poesía Lorquiana. No dudamos, no hay tiempo para ello, la belleza empapa a un respetable deseoso del poemario que evoca.

Alberto San Juan consigue lo que nadie ha conseguido en años; un silencio absoluto en sala que no se quiebra hasta el final del espectáculo. Nadie pestañea, nadie respira, solo unas pequeñas voces reaccionan con una risa escondida en un teatro lleno a rebosar. La magia está presente en la prosa conferenciada y San Juan sabe muy bien cómo jugar con ella. Su conferencia escenificada es un arte en sí. No solo por lo que dice -que aunque escrito en el 1929, tiene todo el sentido del mundo en la actualidad-, sino por su movimiento, su gesto, su prosa poética, su interpretación. Posiblemente más canalla que un Lorca liberado, San Juan nos deja con ganas de más. Nuestra escucha activa agradece minuto a minuto el poemario que evoca sumergiéndonos en un Lorca que nos gustaría haber podido disfrutar en directo.

Junto a él, La banda. Cuatro músicos fantásticos que nos ayudan a entrar en el imaginario Lorquiano y cuya música nos permite entrar aun mas en la interpretación de la poesía recitativa. Ellos marcan su ritmo; San Juan lo vive y lo evoca.

Lorca en Nueva York es un espectáculo concebido para sentir. Para emocionarse y dejarse llevar entre la vorágine de sensaciones que nos ofrece. Imaginarse lo vivido, lo explicado, lo contado. Pero no solo en la residencia de señoritas, sino en el viaje que Lorca realizó y, del cual, hoy nos lleva de la mano. De Granada a Nueva York. De allí a La Habana. Todo a través del jazz y el son pasando por Wall Street, Harlem, el campo, la revolución. Una aventura digna de ser contada.

Crítica realizada por Norman Marsà

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