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08.04.2022 Críticas  
Celebrity skin

La Tarara Teatro vuelve un nuevo año a Nave 73 de Madrid, esta vez con La descomposición de Courtney, donde Kurt, Frances Bean y Courtney, los Cobain-Love, protagonizan este drama deforme de tragedias familiares, toxicidad congénita y alteraciones faciales.

La descomposición de Courtney, como en El niño adefesio, está escrita y dirigida por Marie Delgado, quien aquí interpreta a Frances Bean, completando el reparto con Luis Carlos Agudo como Courtney y Rubyalex Cortés como Kurt; espacio escénico e iluminación de Jose W Paredes, creando una atmósfera entre fantasía post-mortem y el globo tras un chute de heroína.

El espíritu punk de La Tarara Teatro está aquí, y su maquillaje excesivo, y su gusto por lo trash, y una selección musical bizarra, y hasta lo que podría ser un homenaje a Lady Gaga en House of Gucci con su Broken Italian; la nueva familia de esta constelación escénica que están desarrollando es posiblemente la más consecuente e indicada para la compañía, pero (y si, he llegado al pero), todo lo que en su anterior montaje tenía una razón de ser, o al menos una justificación creativa amparada por su ideario, en La descomposición de Courtney todo aparece desmembrado e incompleto.

Veo el dolor, la adicción, la conspiranoia en torno a la muerte de Kurt, y me parece todo un acierto que este sea un ser fluido, una dancing queen poseída por el espíritu de Cerrone al ritmo de Supernature. Es una fantasía que Courtney cante por Julio Iglesias y que Frances Bean sea fan de Merche, pero, una vez más, ¿y ahora qué?, esto, ¿para qué?. Buscaba que me fuese imposible retirar la mirada de la escena y dejarme llevar por lo gratuito y absurdo, pero no sentí que este viaje intoxicado me llevase a ningún lugar.

Es fantástico que una compañía arriesgue y apueste por lenguajes escénicos nada habituales y que sea tan reconocible su estilo y estética. La Tarara Teatro hace de su oficio algo valiente, en los márgenes, pero opino que La descomposición de Courtney tiene alma de work in progress, siendo estas las primeras estaciones de un viaje lisérgico al que le falta maduración y propósito, ya que el compromiso del equipo es claro. Espero con ansia una nueva constelación familiar alucinada y trash: ¿serán los Pajares, los Pantoja, los Preysler?

Crítica realizada por Ismael Lomana

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