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07.04.2022 Música  
María Peláe con la Sala Barts a sus pies

Anoche tuvo lugar el concierto de la gran María Peláe en la Sala Barts de Barcelona. El ciclo de conciertos Guitar BCN nos acercó el indudable talento de la andaluza que hizo temblar la ciudad condal con su flamenco fresco y su encanto natural.

Bien puntual y con mucho salero, María Peláe salió al escenario de la Sala Barts marcando ritmo desde la primera nota. Su presencia dejó a todos impresionados. Vestida de negro, con detalles brillantes, la Malagueña brilló y brilló por todo el escenario. Su chaqueta, de lo más original, mar ó estilo con hombros abultados al mas puro estilo flamenco. ¿Cómo sino iba ser?

Entre canción y canción, Peláe no dudó en comunicarse con el público entre historias y risas. Tal era el cachondeo en la sala que si salías al baño y entrabas en ese instante parecía que hubieras venido a ver un monólogo. La artista andaluza mantuvo un contacto tan estrecho con el público que no parecía que estuvieran separados entre asientos y gradas. Una gracia natural que la rodea junto a su aura de buen rollo.

Bien acompañada en el escenario, retornaban los ritmos de Te Espero en Jarra. El sonido fue una delicia instrumento a instrumento. Los músicos polivalentes a ritmo de batería, teclado, guitarra y saxofón además de la caja de ritmos que sacaba la percusión más electrónica para que nos vibrara el pecho. Ella, toda gracia y torbellino nos dejó sin palabras con su cachondeo. Mítico es ya el momento que se armó ella sola al caerse su copa de agua; fue brutal, improvisando y riendo sin parar. Pura personalidad en el escenario.

Si venías con las canciones aprendidas de casa, sabías que no iba a faltar Y Quién No; de las más esperadas. Los gritos y los aplausos seguían y seguían. Con gracia y desparpajo bailoteó la canción por todo el escenario dirigiéndose a cada zona de la sala con una técnica vocal y una potencia exquisita. Esto nos llevó a una de sus anécdotas en un concierto que realizó en el Barrio de Gracia, en el cual la sala tenía limitador y tuvieron que dar el concierto con un solo micrófono y la guitarra a pelo. Ella misma nos contaba que las estrofas de las canciones las hacía con micrófono. Sin embargo, los estribillos los cantaba al costado, ya que de la potencia de su voz se paraba el sonido por completo. Damos fe que la potencia de esta mujer es infinita.

Entre esos ratitos íntimos que pudimos disfrutar, hubo también de los de desgarrarse la voz. Y es que no dudó en liar al público para corear la última palabra de cada frase de su canción; dividiendo al público por secciones. Y, como no podía ser de otra forma, ¡funcionó!. Todo el mundo coreando tan fuerte que ni las mascarillas pudieron ahogar las voces. No hay nadie mas lianta que la Peláe. Y como todo lo que sube baja, por supuesto nos dio un momento de calma con Historia de Vida; una calma estremecedora ya que su voz nos dejó con los pelos de punta.

Entre el batería y el guitarra había un espacio elevado digno de un buen zapateao, sin embargo, la sorpresa fue que María Peláe se subió para pegarse una tamborilada con el batería dándole más ritmo a Tumbao. Tras finalizar la misma se quedó sola en el escenario para agarrar su guitarra y deleitarnos con Se nos Rompió el Amor. Puro sentimiento transformando su voz en un silencio sepulcral para no perderse ni un matiz de su sonido.

Uno de los momentazos de la noche fue cuando se sentó con sus músicos a explicar la inspiración que le ha dado la juventud actual llena de odio luchando por los derechos. Siempre hacia delante, ya que de dar un paso atrás, compartió, sería muy difícil. Orgullosa de ser una mujer andaluza y lesbiana, interpretó Que Vengan a Por Mí, canción que inició bajo un mar de aplausos provenientes de sus conmovedoras palabras. Al finalizar, seguida por el ritmo del cajón y unos toques de guitarra, se tomó su tiempo para explicar divertidísimas historias de la infancia que desconocemos sin son reales o no, pues el cachondeo era el rey que acompañaba a la reina del escenario. Toda una historia en la que se desahogaba y desahogaba hasta cantar Tanguillo del Desahogo.

Y cómo no, el momento en que todos se levantaron o bien a bailar o a pegar palmas cuando, por fin, sonó La Niña. El público le entregó la bandera LGTBIQ+ a la artista que no dudó en agarrarla y pasearla a la altura de su hombro interpretando su canción acompañada de un público entregado. Momento también desatacado de la noche en el que sonó el temazo Mi Tío Juan. Todo el mundo cantando y disfrutando de una fiesta que si no fuera por las butacas de la sala se hubiera venido más arriba que nunca.

María Peláe nos regaló una noche para el recuerdo y una despedida con broche de oro viéndola bailotear y jaranear a sus músicos. Si estuviste ahí sabes de lo que te hablamos y si no estuviste te recomendamos que la sigas de cerca para no perderte la próxima.

Crónica realizada por Nina Delgado

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