novedades
 SEARCH   
 
 

30.03.2022 Críticas  
Leyenda y pureza

El Teatro Real de Madrid acogió el pasado domingo una de esas veladas que hacen historia. La versión de concierto dramatizada de una obra icónica de Henry Purcell, Rey Arturo. Una joya del barroco interpretada a la perfección por la orquesta y coral Vox Luminis que dejó al público simplemente boquiabierto.

Era la primera vez en la historia del Teatro Real que se ponía sobre las tablas esta imposible semiópera de Henry Purcell. Rey Arturo es una de las semióperas menos representadas pero no por ello de las más bellas piezas del compositor inglés. Una absoluta pieza de orfebrería musical, con pasajes que transportan desde la campiña inglesa al campo de batalla, de las fiestas tradicionales a los duelos a muerte.

Esta maravillosa composición no nos lleva a los relatos más conocidos del legendario Rey Arturo. La historia sigue el libreto escrito por el poeta John Dryden y cuenta las batallas entre los sajones y los britones, con apariciones de los dioses Thor, Woden y Freya y con la historia de amor entre la princesa ciega Emmeline y el mismo Rey Arturo. La magia de Merlín también tiene su aparición. Una serie de desdichas que culminan en un final feliz en el que los pueblos se unen.

La propuesta de la orquesta y el conjunto vocal Vox Luminis no deja de ser una propuesta sencilla pero tremendamente cuidada y simplemente soberbia. El barroco no es música fácil, y el concierto fue de una agilidad sorprendente. La perfecta ejecución de todos los componentes de la orquesta es digna de asombro. Liderados por el mismo fundador de la misma, Lionel Meunier que despliega un virtuosismo pocas veces visto con las distintas flautas que toca durante el recital. Un coro perfectamente equilibrado y que no se limita solo a cantar, sino que con una mínima dramaturgia nos va presentando a todos los personajes y recreando diversas escenas del amplio pasaje. No sorprende ver la larga lista de premios que ha recogido esta formación.

Mención especial para José Luis Martínez que hizo las veces de narrador para las partes no cantadas de la historia, aportando con su voz y buen hacer una parte fundamental del montaje.

Era imposible no verse rodeado de los frondosos bosques, de la tormenta enviada por los dioses, envuelto en los festejos. La perfección de la música de Henry Purcell en unas manos que destilan buen hacer fue un regalo de incalculable valor para todos los presentes. Una pena que solo se haya podido disfrutar una sola vez ya que la ovación final aseguraba no solo la satisfacción generalizada sino una aprobación del público del Real por este tipo de propuestas que ojalá se repitan.

Crítica realizada por Moisés C. Alabau.

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES